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jueves 29 de octubre de 2009

La Tradición Iluminista: ¿un plan para la Historia moderna?





Ciertamente como la naturaleza creó hermandad en familias, y como las artes mecánicas contraen hermandades en comunidades, y la unción de Dios indujo en modo supremo una hermandad de reyes y obispos, así en la ciencia no puede haber más que una fraternidad del conocimiento y la iluminación, relacionada con la paternidad que se atribuye a Dios, quien es llamado Padre de la Iluminación o de las luces.

Francis Bacon, El avance de la ciencia, 1605.







Comprender la aceleración de la Historia sufrida durante los siglos recientes es una tarea pendiente de hallar un método y una clave que clarifiquen las causas de un asombroso fenómeno histórico. La historiografía recoge los fenómenos sociales y políticos que irrumpen en un primer plano cronológico. Parece hablar de movimientos consecuentes, acciones inmediatas que nos muestran el significado del suceso sin explorar las iluminaciones que lo han inspirado. Y es que, ciertamente, resulta incómodo pensar en lo que el progreso científico y técnico nos ha aportado para, en última instancia, vernos arrastrados a reconocer la relevancia de los mitos en la génesis de la modernidad. Pájaros que quieren ser algo más...

Situados a caballo de los siglos XVI y XVII, hallamos una Europa sumida en las tensiones entre los países guiados por la familia imperial de los Habsburgo - partidaria de la Iglesia de Roma - y la facción protestante que se articula en torno a la Iglesia anglicana de Inglaterra. El protestantismo supone una reforma ideológica animada por la nueva perspectiva teológica del sujeto cognoscente. Este puede ahora crear realidades al margen de una autoridad unívoca. Y, sin quererlo en origen, la Reforma impulsó el trabajo de los Magos, los primeros tecnócratas auspiciados y protegidos en los ambientes del palacio. Mientras, el catolicismo continuaba alimentando la hoguera para condenar a cualquier explorador de la materia o del espíritu. Y así penetramos en un tiempo de misterios, de extraños movimientos intelectuales y esotéricos de los que no podemos identificar con exactitud cuáles fueron las distintas semillas esparcidas por todo el ámbito europeo. Hallamos indicios en España, Francia, Italia, Alemania e Inglaterra. Pero sobre todo Alemania e Inglaterra, el verdadero centro de una Reforma que atraviesa los siglos hasta llegar a nuestros días. En Inglaterra, la reina Isabel de la dinastía Estuardo aglutinaba en torno a su palacio a artistas e intelectuales que integraron sus actividades en la Orden de la Jarretera, un grupúsculo de caballeros místicos cuyo símbolo era la cruz roja de San Jorge. Cerca del núcleo alemán, por su parte, el mago matemático y cabalista John Dee organizaba conciliábulos en la región de Bohemia, y desde allí, mediante canales y vías poco conocidos, expandió su influencia hacia el Palatinado germano. Previamente, John Dee fue uno de los pensadores más influyentes en la corte de Inglaterra. En el año 1613 se celebró el matrimonio entre Isabel de Inglaterra y Federico del Palatinado, jefe de los protestantes alemanes, constituyendo así una alianza entre las naciones partidarias de la Reforma y situando su centro estratégico en el castillo de Heilderberg. Ello implicaba un trasvase de los tesoros del renacimiento, los clásicos y los arcanos guardados en los castillos ingleses fueron puestos a la luz de los magos de centroeuropa, uniéndose a la iniciativa de la Orden de la Jarretera. En este momento de la Historia, por tanto, tenemos una fusión de las distintas corrientes esotéricas y tecnico-científicas auspiciada por los monarcas de Inglaterra y Alemania. El castillo de Heilderberg poseía un bello paisaje de jardines velados por misteriosas estatuas parlantes y fuentes de agua que emitían sonidos celestes, fruto del trabajo del mago De Gauss; la técnica puesta al servicio de una ensoñación, y entonces es magia lo que hoy llamamos simplemente tecnología, pues aquel castillo parecía sacado de un cuento de hadas, primer laboratorio de autómatas y simulacro de inteligencia artificial. Solo que en el contexto palatino era un modo de crear misterio y poesía, tal vez el atributo que diferencia a un mago de un científico, siendo ambos dos aspectos de un mismo conocimiento.


Añadamos otros nombres de los iluminados que forman parte de este movimiento en torno al Palatinado: Juan Valentín Andreas, Roberd Fludd, Michael Maier. Ellos, junto con el enigmático John Dee, compartían su devoción por la cábala y la alquimia de tradición medieval y renacentista, además de los conocimientos de geometría clásica, imbuidos en las obras de Marco Vitruvio. Y llegados a este punto, retenidos los nombres de los Magos y principales artífices, abordemos uno de los aspectos más extraños de la historia moderna. Un aspecto que se concreta en la publicación en Alemania de dos manifiestos -el uno titulado la Fama Fraternitatis y el otro la Confessio Fraternitatis - conocidos generalmente con el nombre de Manifiestos de la Orden Rosacruz, haciendo referencia al nombre de la supuesta sociedad secreta que los escribió y expuso a la opinión pública en los años 1614 y 1615. Dichos manifiestos se inspiraban en los caracteres más puros de la piedad cristiana, personificando ese arquetipo en la figura de Christian Rosenkreuz, un sabio iniciado durante un viaje en oriente, fundador de una sociedad encaminada al trabajo en ayuda de los desfavorecidos, la caridad y la curación médica. Suponía, por tanto, una prolongación de la mitología medieval en la Europa cristiana dentro de las fases previas a la era de la ilustración, con la diferencia de que aquellos manifiestos ponían especial énfasis en la necesidad de una profunda reforma social en todo el mundo, en particular la educación y el avance del conocimiento. También hacía hincapié en los aspectos milenaristas del judeocristianismo, queriendo inaugurar una edad dorada de la civilización, entendida como el retorno al Edén. En definitiva, la construcción de Un Mundo Perfecto guiada por sociedades de iluminados que creen haber vislumbrado el Fin inmanente en la Historia. No existe ningún documento histórico que demuestre que dicha sociedad rosacruz existió realmente, y en cambio sí tenemos indicios suficientes para atribuir la redacción de los manifiestos a los seguidores de la tradición hermética, científicos y reformadores que formaron parte del movimiento intelectual que creció en torno a la unión de las monarquías protestantes de Inglaterra y Alemania. El propio Juan Valentín Andreas afirmó el carácter ficticio o de “broma” de la sociedad rosacruz, y además parte de su corpus simbólico y esotérico - asi como el de John Dee y su obra Monas Hieroglífica - se puede identificar claramente en el texto rosacruciano. Del mismo modo las contribuciones o interconexiones del ideario de Robert Fludd y Michael Maier se integran en esa corriente intelectual - secreta, o sencillamente discreta - que utilizó el mito de la hermandad rosacruz con la finalidad de actuar con discreción en una época de inquisiciones y condena contra todo hereje que impulsara ciertos conocimientos calificados como demoníacos, desde la magia cabalística hasta la matemáticas de aplicación práctica que John Dee había desarrollado. Y lo cierto es que cuando uno lee los dos manifiestos rosacruces o los testimonios de los estudiosos de la época que sintieron atracción por el misterio rosacruz, percibe el carácter etéreo de ese autodenominado Colegio Invisible, su lejanía del mundo, más bien como ángeles o seres de otra realidad que velan por la humanidad y el progreso ético y científico. Estamos hablando, en conclusión, de una ficción elaborada con el propósito de desviar la atención respecto a las personas que querían impulsar la Reforma Universal desde la discreción y - al mismo tiempo - condicionar, manipular, influir, exhortar o preparar a la opinión pública de la Europa del siglo XVII de cara a grandes cambios en el orden religioso y material del mundo. A nivel religioso, la creación de una espiritualidad universal que aglutinara a todos los individuos y a todas las naciones. A nivel material, el desarrollo del poder de la mente humana sobre la materia, y un avance de la ciencia en su vertiente práctica como nunca antes se había visto en la Historia. La guerra de los Treinta Años, no obstante, estalla en el año 1618 y ello supone la destrucción de ese proyecto subterráneo que se sostenía en la alianza y la protección de la reina Isabel y su esposo Federico. Pero, a fin de cuentas, aquí importa el hecho de que, efectivamente, desde mediados del siglo XVII y, sobre todo, durante el siglo XVIII, siglo de iluminaciones y de la Razón ilustrada, Europa vivió una revolución del conocimiento científico que desembocaría en las dos revoluciones industriales y en el mundo tal y como hoy lo conocemos. Y más inquietante todavía es comprobar que la misma ficticia y etérea Hermandad Rosacruz ha transmutado (multiplicada en distintas ramas sectarias) algunas de sus formas y contenidos para reaparecer, actualizada, en los siglos XX y XXI, como veremos más adelante.

Debido a la abundante literatura sensacionalista que se ha inspirado en el misterio rosacruz, los historiadores serios suelen retroceder ante los interrogantes que este nos plantea. Lo importante, insisto, es que esa ficción amaga un movimiento subterráneo de carácter místico-científico, el cual fue la primera causa que propició el camino hacia la sociedad hipertecnificada que ahora disfrutamos. ¿Tiene cabida la duda en torno a la posible existencia de una sociedad, invisible pero real, que desde la sombra ha ido configurando la Historia a partir del siglo XVII, siendo los manifiestos rosacrucianos la primera señal palpable de esa Historia oculta?. Hay unos pocos indicios a favor de esa posibilidad. Un ilustre pensador como Michael Maier, por ejemplo, aseguraba en sus obras Silentium post clamores y Thermis aurea que la sociedad rosacruz era real - aparte de la mixtificación dada en los manifiestos - y que él mismo había contactado con algunos de sus miembros. Y el cabalista Elias Ashmole escribió una carta dirigida a los miembros de la fraternidad secreta, e incluso pedía ser admitido en la organización. Sin embargo, estos testimonios solo demuestran la conformidad y el interés que estos magos y pensadores sentían ante la promesa y la Utopía sobre el nacimiento de una nueva aurora en la Europa devastada por el orden inquisitorial, los enfrentamientos de unas naciones contra otras y las guerras de religión. Obviamente, cada lector puede interpretar estos hechos según su parecer, pero valga decir que el concepto de sociedad secreta, como tal, no es falseable, y por tanto entraríamos en la simple especulación, insulsa desde nuestra óptica historiográfica, la cual se queda asombrada ante los misteriosos orígenes de la modernidad ilustrada. Ciertamente, a pesar de la tragedia que implicaba el estallido de la guerra de los treinta años, en el año de 1660 nacía en Londres la Royal Society, una sociedad de pensadores y científicos inspirados en la utopía rosacruz. La Royal Society de Londres fue, ni más ni menos, la materialización del Colegio Invisible ante la vida pública, siendo Theodore Rank ( ciudadano inglés procedente de Alemania, cuna del movimiento rosacruz) uno de sus principales instigadores, y era la perpetuación de aquél proyecto que en décadas anteriores comenzó su andadura en torno al selecto club de intelectuales apoyados por la monarquía del Palatinado. Y aquí hallamos otra clave; cabe interpretar la ficción de la fraternidad rosacruz como una exhortación a la creación de sociedades formadas por los mejores eruditos, ya fueran discretas o abiertamente públicas, como fue el caso de la Royal Society. El secretismo de los conciliábulos, lógicamente, se hacía necesario para poder impulsar los proyectos sin verse amenazados por la inquisición católica. Este es seguramente el razonamiento que mejor explica la posible proliferación en Europa a partir del siglo XVII de reuniones secretas de eruditos, y la relevancia que dichas sociedades han tenido en los avances de la ciencia moderna. El conocimiento tenía que avanzar discretamente, a salvo del Imperio religioso del dogma católico, el cual no estaba dispuesto a perder su influencia y su poder. De ahí que resulte inevitable deducir que la principal y más popular de entre todas las fraternidades de carácter esotérico, la Masonería especulativa moderna, tuvo su origen en el mismo movimiento rosacruz, y según apunta Frances Yates en su libro The Rosacrucian Enlightenment, la fraternidad rosacruz pudo ser una ficción que escondía la aparición de un movimiento “proto-masónico”. Por tanto, la Masonería inglesa y oficialmente establecida a partir del siglo XVIII era la depositaria del legado de pensadores rosacruces como John Dee, Juan Valentín Andreas, Robert Fludd y Michael Maier. Todos ellos, rosacrucianos y masones, adoraban (aunque solo fuera en la esfera de los símbolos y los arquetipos) al Gran Arquitecto del Universo, y partiendo de su magia cabalística pudieron emprender la tarea de arrojar luz sobre el mundo natural. Aquí empezó a desarrollarse la filosofía natural moderna. Y también la creación de una religión universal que abriría las puertas hacia la nueva era. Pero continúa latente el pálpito de una cuestión que agranda el misterio sobre por qué nuestra civilización moderna - tan racional y pragmática - fue configurada por iluminados esoteristas en pos de una Utopía perfectibilista: ecumenismo, armonía, comunión entre el hombre y los seres celestiales, fraternidad entre las naciones, nacimiento de una nueva humanidad, un nuevo orden mundial... Estos conceptos están hoy más vigentes que nunca, y sin duda el legado rosacruz permanece, al menos, en las formas que sus profetas contemporáneos utilizan en las campañas mediáticas. Luego volvemos sobre ello.

Una mirada panorámica nos permite descubrir la esencia subyacente a esta breve pero trascendental historia. Me refiero a la utilización de los mitos populares con el objetivo de moldear las conciencias de la plebe. Ya desde la remota antigüedad, brujos, chamanes y, en fin, las élites del sacerdocio y del poder económico concentrado en el templo, utilizaban el miedo a los dioses o a las diversas entidades malignas como método de control social. El movimiento rosacruz es una historia sobre una élite de eruditos que comienza a configurar el futuro utilizando los mitos cristianos. A esos mitos corresponde precisamente la construcción del perfil de Christian Rosenkreuz. De igual modo, las profecías y los profetas pueden ser un instrumento que predispone a los ciudadanos enfrentados a un ambiente milenarista de grandes cambios, y esa predisposición puede favorecer el curso de los cambios que la élite quiere imponer . Juan Valentín Andreas - tal vez el principal creador de los manifiestos - realizó estudios sobre la “Naometría”, una compilación de profecías escritas en al año 1604 por Simón Studion. Se trata de una cronología de acontecimientos importantes, a modo de predicciones que anteceden los avances históricos que aquellas élites de eruditos anhelaban en su camino hacia la nueva edad de oro. Concretamente, Studion señaló el año de 1620 como la fecha de la caída del Papa y del poder mahometano, lo cual era entendido como el fin de las grandes religiones monoteístas que habían dividido a la humanidad. Tal cosa no sucedió en la fecha exacta indicada por Studion, pero en 1618 comienza la guerra de los treinta años que arruinó el proyecto del Elector Palatino en Bohemia, animado por la expectativa del fin del milenio. La creencia en las profecías influyó negativamente en los mismos ideólogos que las promulgaron, intentando aprovechar su influencia en beneficio de sus ideales. Cabe destacar, a fin de cuentas, que las profecías en sí mismas también pueden ser un instrumento de control social que incide en el aspecto irracional del pueblo, e incluso en el de los principales jefes de estado. Igual en el siglo XVII que en el XXI, el pensamiento supersticioso y la necesidad irracional de anticipar el futuro sigue motivando a las sociedades impregnadas de milenarismo judeocristiano.
¿No es acaso demasiado difusa la línea que separa el supuesto pensamiento mágico, de la razón ilustrada y el positivismo que son la base filosófica de nuestra casi inmediata tecnocracia?. ¿Por qué las bases de la filosofía natural no hubieran existido sin una tradición de magia renacentista como punto de partida?. ¿Por qué fueron los magos, iluminados y profetas los creadores de unos sistemas de pensamiento que - con el devenir histórico - han forjado la ciencia moderna, la cual ha desestimado por completo a la tradición hermética de la que surgió?. René Descartes, durante sus andanzas en Bohemia, dijo tener sueños en los que se le reveló la importancia de las matemáticas a la hora de descubrir los secretos de la naturaleza. ¿Una revelación en sueños?. ¿ No estaría metaforizando, y realmente había adquirido esos conocimientos por sus contactos con las sociedades secretas cercanas al Palatinado?.


Francis Bacon, en su libro El avance de la ciencia, publicado en 1605, se quejaba del deplorable estado de la filosofía natural. Su trabajo intelectual se diferencia en muchos aspectos al movimiento rosacruz, aunque su conexión con el círculo de eruditos apadrinados por la reina Isabel es bastante conocida. En realidad, cuando hablamos de tradición hermética frente a filosofía natural y ciencia moderna, estamos aludiendo a los conceptos de esoterismo y exoterismo. La tradición hermética explora las estructuras psíquicas del ser humano con el objetivo de alcanzar un conocimiento místico, un laboratorio interior, una ciencia con conciencia que pueda crear la armonía entre el mundo celeste y el mundo terrenal. La filosofía natural que tanto preocupaba a Bacon era el primer ladrillo hacia una completa focalización de los esfuerzos en la materia, los elementos y los fenómenos del mundo físico. Paulatinamente, la modernidad quedó obnubilada por las maravillas tecnológicas que esa focalización le había proporcionado, y ya en el siglo XIX despreciaba a toda filosofía del conocimiento que no se ajustara a la perspectiva pragmática en la comprensión de los fenómenos estudiados. Los magos - químicos, médicos, tecnócratas, informáticos, biólogos, psicólogos y sociólogos - siguen siendo magos, pero ya solo en el ámbito terrenal, excluyendo el mundo celeste. Recordemos - atendiendo a las tesis ya expuestas en esta investigación, apoyados en el excelente análisis de la modernidad realizado por Hans Blumenberg - que la secularización en cierto modo crea su propio camino hacia la trascendencia. El propio Francis Bacon entendía el conocimiento científico como una iluminación, y su dios era un dios de luces. Su conocimiento procedía de la tradición hermética, pero se rebeló contra el secretismo iniciático, y criticó las mixtificaciones de la alquimia. En definitiva, quería democratizar el conocimiento científico, que éste fuera palpable y utilizable por toda la sociedad. Y comenzaron a crear artilugios tecnológicos que todos podían utilizar, reverenciar, invertir en ellos, hacer un comercio masivo de objetos y técnicas que se van acumulando en las universidades, en las industrias y en los hogares. Y crearon una civilización exclusivamente utilitarista y pragmática, ensalzan lo exotérico y tildan lo esotérico de puro fraude, herejía o superchería, tanto en el ámbito de la ciencia como en el de la religión oficiales. Y pensemos en la idea que consiste en considerar que solo hay un conocimiento que incluye mística y ciencia. John Dee lo sabía, por eso en sus exploraciones elaboraba un fascinante recorrido que abarcaba los mundos celestes, y también la matemática aplicada.¿Acaso los Magos utilizaron la filosofía natural para entretener a la sociedad de las masas, y ocultaron los conocimientos místicos en reducidos grupos de elegidos que conocen la dimensión trascendente de la existencia...y su aplicación inmanente a la Historia?. Sigamos con Francis Bacon. En otro de sus libros, La nueva Atlántida, tenemos una alegoría en la que describe una ciudad en un mundo perfecto, casi futurista, de un cristianismo basado en el amor fraternal, habitada por seres etéreos que conocen todos los idiomas del mundo, y envían mensajeros a la humanidad con la finalidad de ayudarla o de recabar información sobre el mundo. Sin duda son los mismos seres invisibles del mito rosacruz, lo cual nos hace sospechar que Bacon formó parte de alguna sociedad secreta, pues todos ellos - Juan Valentín, John Dee, Robert Fludd.... etc - comparten ese mismo corpus de arquetipos sobre seres invisibles y divinos que están ayudando a la humanidad en su camino hacia la nueva aurora. Cabe plantearse la cuestión de por qué parece que la humanidad no sabe progresar sin inspirarse en los mitos. O más bien, en una época de transición desde el viejo orden estamental y religioso surgido de la edad media hasta la modernidad ilustrada era necesario establecer el punto de partida en un mundo imaginario que se corresponde con la tradición todavía muy arraigada en el psiquismo de los hombres sabios del siglo XVII. En cualquier caso, la obra de Bacon y las proclamas de los manifiestos de la rosacruz comparten un objetivo común: volver al Edén original antes de la caída por el castigo de Yavhé. Es decir, recuperar la luz del mundo que la serpiente - Lucifer - les había otorgado con el fruto prohibido. Por tanto, cristianos en valores que defienden la caridad, la democratización de las riquezas y del conocimiento, y la fraternidad entre las naciones, estos eruditos iluminados también perseguían un fin considerado demoníaco en la misma tradición judeocristiana: un dominio y control absoluto sobre el mundo terrenal. No en balde, en Francia se les acusaba de realizar pactos demoníacos para poder perpetrar un plan de dominio universal. De hecho, se sabe que John Dee practicaba la llamada “matemática supracelestial” (también conocida como magia enoquiana) en la que conjuraba a los ángeles, seres de otro mundo (o demonios, según otras creencias) que le habían proporcionado el conocimiento necesario para el avance científico-técnico, según lo narrado en sus diarios espirituales. Todo esto nos plantea interrogantes de extrema gravedad, por la difícil aplicación hermenéutica que nos permita esclarecer esta transición en la historia del conocimiento, y por lo intrincado de estas extrañas creencias en las que el mundo de los arquetipos y de lo imaginario es el que inspira la creación de una metodología de las ciencias aplicadas. Volviendo a nuestros días, en el último siglo, la ciencia-ficción ha especulado con un mundo multidimensional, interconectado y plagado de seres inteligentes, etéreos y escurridizos que a menudo contactan con seres humanos. Lejos de este tipo de especulaciones, simplemente cabe subrallar el hecho de que hay un factor esencial y común en gran parte de estos movimientos iluministas: sus miembros fantaseaban con la convicción de que estaban en estrecho contacto con seres superiores procedentes de un mundo invisible. Y simplemente remarcar que si el sistema de “magia angélica” aplicado por John Dee le permitió alcanzar conocimientos científicos y prácticos, entonces dicho sistema es perfectamente válido, aunque hoy en día nos resulte difícil comprender su verdadera naturaleza. La misma Royal Society de Londres afrontó el imperativo de desestimar el conocimiento matemático de John Dee por estar vinculado a prácticas demoníacas, y así salvaguardar su proyecto frente a la caza de brujas perpetrada por aquellos que temían a la Luz de Lucifer. Dicha Luz proviene del milenario culto solar, el Astro Rey que ilumina el mundo natural y que en tiempos de la XVIII dinastía egipcia - la revolución religiosa y política de Akenatón - adoptó la imagen de Atón, el disco solar que reparte luz y vida. Es decir, buscar a Dios, llegar a Dios e igualarlo por medio del estudio de la naturaleza, y no por medio de la fe o la tradición escrita en libros sagrados. Conocer al creador a través de su creación. Para muchos, una forma de descubrir un Dios menor, demiúrgico, o de confundir a la naturaleza con la causa primera.

En fin, un conglomerado de utopismos en torno a una sociedad ideal en la que el conocimiento se expande y es accesible a todas las personas, y de ahí una globalización del bienestar. Y así llegamos hasta nuestros días del “estado del bienestar”, de naturaleza simplemente acumulativa, sin que podamos disfrutar de una profunda y verdadera globalización del conocimiento. Conocer no es acumular objetos e informaciones, estudios, trabajos e incentivos monetarios, una simple distracción que alimenta los mercados. Algo falló en esa búsqueda de la nueva aurora para la humanidad. Y en el siglo XVII algunos eruditos lanzaron la advertencia sobre el peligro de trabajar por el avance técnico-científico sin conocer exactamente el sentido y propósito final de ese plan. Obnubilados en el prodigioso método de transmutaciones en el orden material, olvidaron una reforma educativa y constructora de los valores éticos y espirituales. Por encima de cualquier otra apreciación, hemos visto cómo la sociedad moderna surgió de unos misteriosos movimientos intelectuales en la Europa del siglo XVII, pues misterio es la resolución sobre la cábala, la alquimia y la mística como dimensiones del conocimiento inspiradoras de la Razón ilustrada. Ante todo, tenemos la utilización del mito como una forma de promulgar cambios en la sociedad, o revoluciones en el estado global. Una táctica tan antigua como el género humano, como ya hemos indicado. Ahora, y para ir concluyendo este artículo, conviene fijarse en nuestro presente para comprobar la permanencia de dichas tácticas aplicadas a los problemas del mundo globalizado en los siglos XX y XXI. La orden rosacruz, la que fue inspiradora del mundo moderno, regresó disfrazada de postmodernidad a mediados del siglo XX, confluyendo con un movimiento global al que identificamos bajo el anglicismo New Age (Nueva Era). El aspecto más sensacionalista e impresionante de la New Age - y el de mayor calado en el pensamiento y la cultura popular de las últimas décadas - es todo lo concerniente a la ufología, el fenómeno de los contactados y las apariciones marianas. Si fijamos la atención en los rasgos caracterológicos de mitos postmodernos como el Comandante Ashtar, la Federación Galáctica, los Hermanos del Cosmos, las profecías de Fátima, los pleyadianos, y un largo etcétera en la interminable lista de sectas ufológicas o marianas que desde los años sesenta del siglo XX han disfrutado de una enorme cobertura mediática, veremos que son el mismo arquetipo que en el siglo XVII quedó representado en la figura de Christian Rosenkreuz, aunque adaptado a las circunstancias sociales y culturales de nuestra época. Del mismo modo, echemos un vistazo al contenido de los mensajes supuestamente enviados por estos seres extraterrestres y podremos comprobar de inmediato que los contenidos son prácticamente los mismos: advenimiento de una nueva era de Luz y fraternidad universal, surgimiento de una nueva religión mundial (y un implícito gobierno mundial), un nuevo conocimiento de Dios y del ser humano (el ser humano, en este caso, sufrirá una mutación biológica que lo elevará a un estado superior), anuncian la existencia de una fraternidad de seres celestiales - mitad entes físicos, mitad entes espirituales - que están vigilando los acontecimientos en el planeta Tierra a la espera de un gran cataclismo ( desde sus naves espaciales, invisibles a los aparatos tecnológicos de nuestros centros de vigilancia aérea) y animan a la población a que se prepare para un próximo gran acontecimiento que transformará la vida en el planeta. Si en el mito rosacruz Jesucristo era el referente espiritual que guiaba los pasos de aquella ficticia sociedad dedicada a la curación y la ayuda al prójimo, en estos mitos postmodernos Jesucristo se ha convertido en el Jefe de legiones de seres intergalácticos. El mensaje es milenarista en ambos casos, si bien en el movimiento New Age se enfatizan los aspectos apocalípticos referidos a un gran desastre mundial que motivará una evacuación de la población a bordo de naves espaciales. Sean quienes sean los ideólogos y los agentes que han creado el movimiento New Age - permitiéndole tan enorme cobertura mediática, y siendo prestidigitadores como Sixto Paz Wells, Bongiovani, Eugenio Siragusa, Rael, etc, simples instrumentos en manos de quienes los financian - han utilizado la misma táctica que en el siglo XVII utilizaron eruditos como Juan Valentín Andreas, los cuales estaban detrás de los manifiestos de la rosacruz. En cada Tiempo, un mismo arquetipo que se amolda a la cultura popular de la época correspondiente, con el objetivo de crear una determinada expectativa respecto al futuro. En el siglo XVII, el modelo eran las órdenes de caballería cristianas y unos mitos popularizados en las novelas de caballerías, tan en boga en aquella época. En el siglo XX, la literatura de ciencia-ficción, y luego a través del cine y la televisión, ha creado el marco de imaginería popular (alienígenas, abducidos, contactados) idóneo para atrapar las mentes de ciudadanos pertenecientes a cualquier estrato de la sociedad. Además de todo esto, es bien conocida la conexión entre el movimiento New Age y la Masonería. Y sabemos que muy probablemente la Masonería especulativa tuvo su punto de origen en el movimiento rosacruz del siglo XVII. Hemos hallado un hilo robusto y coherente que conecta todo este extraño fenómeno histórico , una Tradición Iluminista que se extiende a lo largo de cuatro siglos de pugnas, algunos fracasos y muchos éxitos en su afán por crear una sociedad global. Recordemos: las élites, intelectuales o políticas, siempre han utilizado los mitos para generar una determinada ideología entre el populacho. Pero la siguiente interrogación irrumpe inevitable: ¿no estaremos ante la existencia real de una sociedad secreta que ha ido dirigiendo a la sociedad europea desde principios del siglo XVII hasta hoy?. La posibilidad que apunta hacia una gran confabulación a través de los siglos no es muy descabellada a la vista de estos datos, pero es más factible y humanamente demostrable hablar de complejidad emergente, de intereses espontáneos que encuentran medios y expresiones similares en los avances de cada nuevo periodo histórico, de una pugna continua del ser humano contra ciertos aspectos de su propia naturaleza que no quiere admitir, o que necesita erradicar en pos de un mundo mejor. No son conspiradores contra la humanidad, sino - en todo caso - fraternidades que quieren imponer su particular imagen de un mundo perfecto, a pesar de ir en contra de la propia naturaleza que nos hace imperfectos, según nuestro sentir de pájaros que quieren ser algo más que pájaros.

Pero hay más. Teniendo en cuenta que el objetivo del movimiento rosacruz consistía en inaugurar una nueva era del conocimiento y una reforma social, y que durante los siglos XVIII y XIX, efectivamente, se produjo el fin de la antigua sociedad estamental, el surgimiento del estado liberal y el desarrollo del método científico, cabe ahora preguntarse si los movimientos milenaristas del siglo XX y los profetas de la New Age no estarán acaso anticipando lo que nos depara el futuro inmediato, puesto que son la ficción mediática que de forma gradual ha ido implantando en la sociedad el esquema de un proyecto en marcha. La nueva era anunciada por los voceros de la New Age tiene su correspondencia en el Nuevo Orden Mundial y financiero del que últimamente han hablado prestigiosos jefes de estado, expertos en diplomacia y economía, y hasta el Papa Benedicto XVI. Las soflamas del ecologismo referidas al espíritu de Gaia -tan frecuentes en los mensajes cósmicos del Comandante Ashtar y similares - se corresponden con la propaganda sobre el cambio climático, la necesidad de expandir el uso de energías verdes y el impuesto por la emisión de CO2. La idea de evacuar a gran parte de la población trasportándola en naves espaciales conecta con una de las mayores preocupaciones de la élite actual: el problema de la superpoblación en un planeta cada vez más escaso en recursos energéticos, además del excedente en mano de obra. Lo que subyace tras esta ficción es la necesidad de reducir la población mundial, necesidad subliminalmente promocionada mediante una atractiva historia de extraterrestres que vienen a salvarnos del colapso final. Por último, el mito de la supuesta profecía Maya que señala al 2012 como el año en el que se producirá un cambio trascendental en la historia del género humano sirve de perfecto catalizador que va preparando a la opinión pública de cara a grandes cambios en el orden social, ideológico, demográfico y económico que se producirán aproximadamente durante los próximos veinte años. Y estos aspectos del mundo actual - al margen de fantasías populares - son rigurosamente reales, puesto que analistas y jefes de estado nos advierten de estos problemas, con mayor o menor disimulo o delicadeza.


A la vista de este recorrido, resulta inquietante comprobar que los voceros milenaristas asociados a movimientos esotéricos y pseudomísticos pertenecientes al movimiento New Age llevaban varias décadas preparando a la opinión pública de cara a los grandes retos que ahora mismo son el pan de cada día, sumidos en una grave crisis económica y alertados ante la posibilidad de una pandemia de consecuencias imprevisibles a largo plazo. Queda, ante todo, el misterio sobre cómo operan estas élites a tan largo plazo, fabricando mitos que generan en el sentir popular expectativas de carácter milenarista, las cuales influyen en la configuración de nuestro futuro. Y quien sabe, haciendo que todos nosotros seamos parte de un plan desconocido e improbable. Como en aquella cita apócrifa atribuida a Winston Churchill y a la que suelen recurrir los teóricos de la conspiración llevados por su afán sensacionalista: Aquel que no vea que en la Tierra se esta llevando a cabo una gran empresa, un importante plan en cuya realización nos es permitido colaborar como siervos fieles, tiene que estar ciertamente ciego.
Una orientación adecuada para el lector sediento de respuestas puede ser este breve texto escrito por el sociólogo norteamericano Charles Wright Mills, seguramente mucho más cercano a la Verdad de la Historia:

La idea de que todo va a la deriva es, en gran parte, una proyección fatalista de la propia sensación de impotencia y quizá, si uno ha sido un hombre de principios políticamente activo, un alivio de la propia culpa. La idea de que toda la historia se debe a la conspiración de un conjunto de villanos fácilmente localizables, o de héroes, también es una proyección del esfuerzo que nos impone comprender cómo los cambios de la estructura en la sociedad abren oportunidades a las diferentes élites, y cómo las diferentes élites las aprovechan o las ignoran. Aceptar uno u otro punto de vista - toda la historia como una conspiración o toda la historia como algo sin rumbo fijo - es evitar el esfuerzo de comprender las realidades del poder y los caminos del poderoso.

domingo 19 de julio de 2009

La guerra del Peloponeso: gana la oligarquía.

Entre los años 431 y 404 a. C. se desarrollaron los acontecimientos de la Guerra del Peloponeso, el conflicto global al que hay que entender como la lógica consecuencia de un período de oro y expansión que identificamos en la “Pentecontecia” de Pericles. A ciclos de expansión y plenitud le sucede una contracción que en ocasiones es gradual - por ejemplo, la crisis actual que arrancó en la segunda mitad del año 2008 - y en otras desemboca en fuertes estallidos sociales o bélicos que pueden destruir el modélico orden que los precedió. La Guerra del Peloponeso fue similar a lo que entendemos por una guerra mundial, con dos bloques que aglutinan y enfrentan a las ciudades principales de una civilización que se encontraba en su mayor auge cultural y económico, y con la disputa ideológica que enciende la razón aplicada al uso de la violencia, venga ésta de donde venga. Esparta y Atenas encabezaron la contienda, cada una de ellas representante de dos maneras de articular el poder y de encauzar el futuro. Nadie puede indicar los motivos exactos que provocaron el estallido de la guerra, pero nos consta que ya en aquellos tiempos el populacho sufrió la manipulación de sus dirigentes. Veamos el testimonio de Tucídides:

La guerra fue iniciada por los atenienses y los peloponesios al rescindir el tratado de paz por treinta años que concertaron después de la toma de Eubea. Las causas y divergencias por las cuales lo rescindieron, las doy antes de empezar, para que nadie tenga que investigar un día por qué tuvo lugar entre los griegos una guerra tan grande. Creo, a saber, de acuerdo con la causa más verdadera, pero menos aparente por lo que se dice, que los atenienses, al hacerse poderosos y producir miedo a los lacedemonios, les forzaron a luchar; mientras que las explicaciones que se daban públicamente eran las que cada bando ofrecía, pretendiendo que por ellas se había quebrantado el tratado y entrado en guerra. (TUCÍDIDES, Historia de la guerra del Peloponeso, 1, 23, 24)

Los coetáneos que forman parte de un determinado acontecimiento histórico reciben una idea escrita y difundida en aras de provocar un efecto en función de unos intereses más o menos discretos. La apariencia y la manipulación responden a una necesidad de simplificar las razones con la finalidad de acelerar la preparación de los recursos necesarios en una resolución bélica. El conocimiento que podamos obtener de la Historia, por tanto, en ocasiones puede responder a la razón de las élites y de los principales estrategas, creadores de un consenso oficial - llámese propaganda - y de los polos ideológicos con los que construyen una idea del rival conveniente a sus estrategias. Cabe, por un lado, distinguir entre la Historia transcrita en las fuentes halladas, y, por otro lado, el funcionamiento, la falsabilidad, causas y sentido de las posibles apreciaciones que surgen cuando abordamos los acontecimientos históricos. Si trasladamos esta problemática a nuestro presente, veríamos cómo las razones más oficialistas dadas para justificar la guerra de Irak (expansión del mundo libre y democrático, lucha contra el terrorismo) han sido en parte contrarrestadas por la información en torno a los intereses económicos y energéticos de los “lobbies” que fundamentan su riqueza en el “petrodólar“ y en la venta de armamento militar. Por tanto, no podemos alcanzar la verdad presuponiendo que toda la información oficial - aquella que emana de la autoridad de las instituciones del Estado - es falsa y persigue un objetivo siniestro, tal y como suelen hacer los teóricos de la conspiración. Nuestro trabajo consiste sencillamente en contrastar la calidad, validez y falsabilidad de las fuentes, vengan de donde vengan. Además de las causas que nos sugiere el texto de Tucídides para explicar la guerra del Peloponeso, cabe mencionar unas pocas ideas a modo orientativo: causas políticas ( Atenas convertida en modelo y defensora de las ideas democráticas frente a los estados oligárquicos que giraban en torno a la influencia de Esparta), causas sociales (partidarios del régimen democrático, gentes del comercio y de la industria, y partidarios de las oligarquías y de la tradición, pequeños y grandes agricultores), causas económicas ( la expansión de la Liga Ático-Délica perjudicaba los intereses económicos de ciudades comerciales como Corinto, Egina o Mégara, las cuales buscarán asociarse con Esparta para socavar el poder de Atenas). Los preludios antes del estallido indican tres acontecimientos de cuya sinergia surgió el enfrentamiento armado: la guerra entre Córcira y Corinto ( una refriega entre estas dos ciudades, siendo los intereses y la influencia de Corinto en la Jonia el factor que explica las tensiones surgidas. Córcira pidió ayuda a Atenas e ingresó en la Liga, se enfrentaron con Corinto, la cual salió perjudicada de este pacto y Atenas reforzó su influencia en el occidente mediterráneo), la defección de Potidea (ciudad incluida en la Liga ateniense, a la que Atenas exigió unas medidas que Potidea - asociada con Corinto - no aceptó y recurrió a un pacto con Esparta para protegerse de la coacción. Se rebeló contra Atenas, al igual que Corinto, y así la paz era cada vez más insostenible), y el decreto contra Mégara ( Pericles solicitó dicho decreto para determinar un bloqueo mercantil a Mégara, oficialmente justificado en la explicación de que los megarenses cultivaban un campo en el recinto sagrado de Eleusis, aunque se especula que las verdaderas motivaciones de esta política ateniense eran la posesión de todo el territorio de Mégara, arrebatándolo de la órbita espartana). Este decreto dio lugar a la reunión de la Liga del Peloponeso y a las negociaciones que fueron el preámbulo de la guerra, la cual transcurrió en cuatro fases. La primera fase de la guerra del Peloponeso es la guerra arquidámica (431- 421 a.C), nombre que remite al rey espartano Arquidamo II, quien llevó a cabo la primera invasión del Ática. En primer lugar, durante el mandato de Pericles, Atenas defendió la ciudad de Platea, la cual estaba siendo atacada por los tebanos, y Esparta aprovechó la contienda para invadir a una Ática despoblada. Posteriormente, la respuesta de Demóstenes mediante la fuerza naval fue un éxito y pudo conquistar algunas ciudades Lacedemonias, y así Atenas obtuvo un balance positivo de sus primeras acciones. Pero en la primavera del 430 a. C. una extraña peste de origen desconocido asoló a Atenas, e incluso acabó con la vida de Pericles, y con la vida de un tercio de la población ateniense. Esto debilitó a la coalición de Atenas, y el signo de la guerra comenzó a cambiar. Nicias heredó el gobierno de Pericles - mostrándose más conservador - y trabajó para lograr un pacto con Esparta. Sucesivamente, tras guerras civiles en Córcira, las disensiones en Siracusa y la ocupación de Pilo, el ateniense Cleón, en un último intento de recuperar las posiciones perdidas, fue derrotado por el espartano Brásidas en el verano del año 422 a. C.
La paz de Nicias es la siguiente fase. Aquí, con Atenas diezmada y agotada por la peste y el esfuerzo de la guerra, motivó que Nicias llevase a cabo un pacto para lograr la paz. Los espartanos, por su parte, afectados por el desgaste sufrido y la crisis demográfica, también eran favorables a firmar la paz. El tratado de paz disponía de tres puntos fundamentales: atravesar, acceder y sacrificar libremente a los santuarios panhelénicos, los cuales mantendrían sus tradiciones y tesoros. Delfos y su culto tendrían autonomía judicial. Estas medidas nos hablan de cuan profundo era el deterioro que la guerrra estaba produciendo en el mundo griego, tanto en la devastación de las economías y la demografía como en todo el tejido filosófico y religioso que aglutinaba los cultos, lugares y preceptos sagrados. Otro punto del tratado se refería a la devolución de ciudades, territorios y prisioneros de uno y otro frente. Y, en el último punto, se establecía que el tratado de paz tendría una duración de cincuenta años. Dicho tratado debía ser jurado solemnemente por cada una de las ciudades de forma separada. Con el paso del tiempo, las ciudades aliadas en cada bloque empezarron a manifestar el descontento. Esparta no podía satisfacer a sus aliados, dependiente de las decisiones de Atenas. A patir de aquí el equilibro aparente se vuelve otra vez amenazador. Alcibiades, un ateniense inteligente y culto como Pericles, consiguió un pacto defensivo con Argos, Mantinea y Élide, ante lo cual corintios y espartanos empezaron a preocuparse. En la batalla de Mantinea Esparta recuperó su hegemonía en la Liga del Peloponeso y una Atenas derrotada consiguió sostenerse en la habilidad diplomática de Alcibiades. Posteriormente, conquistaron la ciudad de Melos, cuyos hombres fueron ejecutados, mujeres y niños vendidos, y quinientos clerucos ocuparon parte de sus tierras.

La expedición a Sicilia - que obligó a Alcibíades a mantener frentes en su propio territorio y en Sicilia a la vez, donde los siracusanos y los espartanos derrotaron a los atenienses - dejó a Atenas en una catastrófica situación económica por causa de un malogrado esfuerzo naval y humano. La llamada guerra decélica es la última fase de la guerra, y debe su nombre a la ciudad de Decelía, la cual fue tomada por Esparta e implicaba una nueva invasión dentro de la península del Ática, y esto suponía problemas en el abastecimiento de recursos naturales para Atenas. El fracaso en Sicilia provocó gran descontento en la población, desencantada con sus líderes democráticos, quizá también con la ideología que inspiró su orden social, y, en definitiva, un signo claro de la caída de Atenas como ciudad lider del mundo Griego. Esparta asumió ese liderazgo que los atenienses habían perdido, alegando su defensa de la libertad de los griegos frente a la opresión del imperialismo de Atenas. Parece que no hay en la historia fuerza hegemónica que no legitime su papel con la argucia de la defensa de la libertad, y su superioridad política y moral respecto al rival a batir. En última instancia, la emergente influencia de Esparta en el mundo griego impuso el régimen oligárquico en las regiones de la Hélade, y el trabajo de Pericles y sus antecesores cayó entre las ruinas y la muerte de la guerra. Esparta pactó con los persas y pronto comenzaron a incitar a la insurrección en la Jonia. En el 412 a.C. Eubea, Lesbos, Quíos, Mitilene, Mileto y otras ciudades del Hellesponto iniciaron una importante insurrección, buscaron la ayuda de Esparta para liberarse del yugo ateniense, y el Gran Rey obtuvo reconocimiento en estas ciudades. Entre mayo y junio del 411 a.C. se produjo una fase de transición en la crisis ateniense debida al descontento popular y la hostilidad hacia los políticos, así como el recelo de las clases acomodadas que veían peligrar sus intereses económicos. El colegio de Próbulos empezó a trabajar en la formación de un nuevo proyecto constitucional de carácter oligárquico y el sistema democrático fue cancelado con la suspensión de las magistraturas, derogación de las pagas por las funciones públicas ejercidas, y la sustitución de la “Bulé” por un consejo asignado de forma nominal - no electivo - y con total autoridad. En principio hubo una revuelta encabezada por Terámenes, quien impulsó a los hoplitas para que se levantaran contra dicho régimen. El resultado fue la imposición de otro régimen, una democracia no radical, con una constitución “mixta” que aglutinaba preceptos oligárquicos junto con parte del ideario democrático.

Las luchas continuaron mientras Atenas profundizaba en su caída. En el 407, la flota de Alcibíades fue derrotada en la batalla naval de Notion, vencido por el espartano general Lisandro, el más grande estratega lacedemonio. El buen entendimiento - y la alianza años atrás establecida con Persia - entre Lisandro y el Rey persa Ciro causaron el fracaso definitivo de Atenas. Tras la capitulación, ciudades como Corinto y Tebas pidieron a los Espartanos la aniquilación de Atenas. Pero a Esparta le interesaba una Atenas vencida e integrada en la Liga del Peloponeso y, por supuesto, temían que la eliminación de Atenas y su exclusión del juego y de la estrategia geopolítica tuviera como consecuente el aumento del poder de Corinto. Así pues, la tradición de Esparta venció y accedió a la hegemonía política, y Atenas terminó absorbida dentro de la Liga del Peloponeso. Todo el mundo griego sufrió la derrota y pagó sus deudas con Persia, vio la irrupción de la piratería en el Egeo al desaparecer el control hasta entonces mantenido mediante la gran flota ateniense, vio la caída de la economía y del comercio, vio el debilitamiento de la demografía por las numerosas pérdidas humanas, vio la crisis moral, religiosa e ideológica. El sueño demócrata, en todo caso, cristalizó a través de los libros y de los diversos testimonios que nos han llegado. No obstante, las élites oligárquicas fueron el agente principal en la configuración del mundo clásico, desde el helenismo hasta Roma, llegando hasta la génesis de la Europa cristiana.

miércoles 15 de julio de 2009

El esplendor de Atenas

El siglo V supone una pequeña edad de oro crecida en las costas y tierras del mar Egeo. Comienza con la primera guerra que establece el paradigma de los ciclos de desorden y estabilidad que parecen repetirse a lo largo del Tiempo. Las guerras médicas preceden a la pentecontecía de Pericles, y supusieron la consolidación y reafirmación helénica, al tiempo que un ajuste entre la potencia Persa y la Griega, polarización que seguirá protagonizando movimientos en los próximos siglos. Fueron las ciudades de la Jonia las primeras en alzarse contra el dominio del Gran Rey persa, quien había conquistado el Asia Menor en su expansión desde zona iraní, cuna de las tribus que terminarían constituyendo el potencial humano del imperio aqueménida. En el año 492 a. C, la flota persa se concentraba para arremeter contra el mundo griego. Temístocles - un magnífico militar y estadista griego - era partidario del enfrentamiento directo y sin tapujos, si bien un sector importante de la aristocracia (los Alcmeónidas, sobre todo) apostaba por el entendimiento con los persas. Heraldos del Gran Rey exigieron la tierra y el agua a distintas regiones griegas. Algunas aceptaron la sumisión, pero en Atenas y Esparta les dieron muerte, lo cual provocó el inicio del enfrentamiento militar entre Persia y el mundo griego. En el 490 a.C, tuvo lugar la conocida batalla del Maratón, nombre que le es debido a la llanura en la que fraguaron batalla tras descender de la montaña que la precede. La pericia de Milcíades al dirigir las tropas griegas, y la posterior ayuda de un regimiento espartano determinaron la victoria de los griegos, dejando a su paso más de cuatro mil persas fenecidos frente a 192 bajas de los ejércitos griegos, si atendemos a las fuentes de Heródoto.La victoria en Maratón se convirtió en leyenda que enorgullecía a Grecia y a la cultura que representaba, adquiriendo gran confianza en sus instituciones, un definitivo reconocimiento hacia los hoplitas y hacia la clase social que cimentó aquél ejército, supuso el fin del arconte polemarca como jefe supremo del ejército (es decir, con la proeza de los hoplitas comienza a remitir la preponderancia aristocrática) y, en fin, creó una imagen gloriosa para los atenienses y para los guerreros que pasarían a ser legendarios. Luego, Temístocles - tras la muerte de Milcíades - tomó el poder en Atenas e instauró una serie de medidas importantes en el campo militar e institucional: convenció a los ciudadanos de la necesidad de construir una flota naval como forma eficiente de aprovechar los excedentes del erario público. Con esta empresa, Atenas se convirtió en la primera potencia naval. Entonces, el trabajo de los remeros fue un factor imprescindible, haciendo que los “thetes” ocuparan un lugar privilegiado que hasta ese momento solo disfrutaban estamentos más elevados en el censo social. El valor y remuneración de un estamento puede variar con modificaciones introducidas en el tejido de las distintas instituciones. La guerra propició la emergencia de los desfavorecidos. En el arcontado, se reinstaura el sorteo para la elección de arcontes y los estrategas dejan de ser jefes del ejército para pasar a la administración de las finanzas, suponiendo todo ello una mayor democratización de este órgano civil y judicial. En tiempos de luchas y discrepancias entre las distintas facciones políticas y aristocráticas, el ostracismo cobró relevancia y fueron desterradas figuras de mucho peso político, como Hiparco o Megacles. Pero con la invasión persa, quedó interrumpido el proceso y los exiliados retornaron a las ciudades griegas que requerían de sus dotes. El Rey persa Jerjes dirigió una gran expedición contra Grecia, y así comenzaba la segunda guerra médica, en el 480 a.C. Unos pocos años antes, Egipto y posteriormente Babilonia - como consecuencia a la derrota en Maratón - se sublevaron contra el Imperio, poniendo en peligro su cohesión. La primera tarea de Jerjes fue sofocar estas revueltas, y así Egipto fue convertido en satrapía, al igual que Babilonia. El siguiente paso era la invasión y conquista de las ciudades griegas, para lo cual Jerjes aglutinó grandes contingentes de tropas de todos los confines del Imperio, almacenamiento de víveres, excavación de un canal camino al continente griego a través de la península de Calcidia, construcción de puentes sobre el río Estrimón y - quizás la obra más espectacular - un doble puente flotante de barcas que atravesaba el Bósforo ( estrecho que separa Turquía de la zona europea constituida actualmente por la Grecia y los balcanes, en la antigüedad era la Grecia continental). Por este impresionante paso avanzaron los contingentes de Jerjes en el invierno del 481 a. C.
Por su parte, los griegos discutían en Corinto las medidas necesarias para enfrentarse a los persas. En primer lugar - un requisito esencial para afrontar debidamente la contienda - decidieron unir fuerzas y establecer la paz entre Atenas y Egina, a la vez que enviaron emisarios a Argos para que pusiera fin a sus rencillas con Esparta. Enviaron espías a Asia para recabar información sobre los preparativos del Gran Rey, y decretaron condenas con futuras represalias a todas las ciudades griegas que colaboraran con los persas. Esparta fue elegida para dirigir a las tropas griegas, quizá porque esta polis era la mayor fuerza militar en aquellos días. Consultado el oráculo de Delfos previamente a la batalla, éste pronosticó la derrota griega y la destrucción de sus ciudades. Probablemente los sacerdotes de Delfos fueron sobornados por los aqueménidas, desestabilizando a la unión griega mediante una estrategia psicológica. No obstante, tras la insistencia de los griegos, la pitonisa habló de “un muro de madera”, y Temístocles acertó al señalar que dicho muro era la flota naval, utilizando al oráculo como guía y referente en esta lucha propagandística. En una primera etapa, el ejército espartano - junto con sus aliados del Peloponeso - al mando de Leónidas se dispuso en el estrecho del desfiladero de las Termópilas, en la Grecia central. En medio de su angostura discurrió la batalla, y es de sobra conocida la épica derrota de los espartanos en esta paso entre montañas, y la leyenda forjada responde únicamente al espíritu civico-militar de los lacedemonios, capaces de ensalzar la derrota por medio del sacrificio proclamado. En la batalla de Salamina, los atenienses diseñaron su plan siguiendo la idea de Temístocles, el cual consiguió unir a las dos flotas que en principio actuarían en dos frentes distintos, uno en el estrecho de Artemisión y el otro en Salamina, donde finalmente concentraron todos sus efectivos navales y militares. Una flota persa muy superior en número a la griega cayó en un inteligente ardid de Temístocles; lograr que los persas se adentraran en un estrecho entre Salamina y la isla Pistalea. La estrechez de ese espacio impidió la facilidad de maniobra de la flota persa, la cual fue derrotada con presteza y contundencia. La gran victoria en Salamina hizo que el ejército persa retrocediera hacia Asia, y así los griegos recuperaron el optimismo y la confianza en sus instituciones tras la derrota en las Termópilas. Además, comenzaron nuevas insurrecciones contra el dominio persa tanto en Grecia como en Asia. En una segunda etapa, los griegos lograron otra gran victoria en la comarca de Platea, recogiendo un inmenso botín, y posteriormente se dirigieron hacia Tebas para castigar a esta ciudad por haber establecido alianza con los persas. Tebas entregó a sus cabecillas y estos fueron ejecutados. Después de una gran contienda bélica surge un sistema renovado, o un viejo modelo que encuentra la expresión militar y ciudadana que, definitivamente, clarifica sus virtudes y futuras aspiraciones. De ahí que las consecuencias de las guerras médicas sean un paradigma de este latido de la Historia. En un sentido político e ideológico, los griegos se sintieron reforzados en sus valores culturales y ciudadanos. Su economía y capacidad comercial vislumbraron un horizonte claro y esplendoroso. La flota naval griega adquirió una importancia que atravesaba la insignia en la batalla hasta llegar al tejido social, en donde los “thetes” vieron ascender su estatus y su participación en la actividad política al ofrecer un trabajo ineludible como remeros. Tener un enemigo común - el Imperio Persa - ayudó a que la “koiné” griega realizara su máxima expresión en una unión panhelénica que les ayudaba a identificar su singularidad cultural y cívica frente a los rasgos de las culturas asiáticas y - más específicamente - de la molicie y el gusto por el lujo de los reyes aqueménidas. Los individuos, los colectivos, las naciones, los Imperios necesitan establecer una diferenciación que clarifique su legítima y singular participación en la Historia. La rivalidad, por tanto, es un factor imprescindible como punto de partida hacia la búsqueda de un equilibrio que permita realizar la singularidad de las partes en el juego del todo. Cabe mencionar, por último, el que la ciudades griegas del asia menor pasaran del yugo persa a la alianza ateniense, primeros pasos hacia la gran liga ateniense. Las consecuencias económicas de la guerra indican ante todo el auge comercial y mercantil de Atenas después de unos años de recesión económica por causa de la guerra. El Egeo, de todas formas, pronto revivió su actividad comercial impulsado por Atenas y las ciudades aliadas, aumentando su volumen y ampliando sus horizontes tanto hacia oriente como hacia occidente. Atenas amplificó y diversificó las rutas comerciales en todo el mediterráneo, y las ciudades griegas llenaban los mercados con sus cerámicas, armas, manufacturas y objetos de arte y lujo. Esta actividad comercial afectaba a las estructuras sociales de la ciudad, donde aparecen un mayor número de gentes dedicadas al comercio y a la artesanía, disminuyendo la importancia y dependencia del campo y, en consecuencia, disminuyó la relevancia de su tradición. Queda demostrado una vez más que la guerra abre el camino y las oportunidades para los mercaderes. Los Metecos - extranjeros domiciliados en la ciudad - eran quienes hasta entonces se habían ocupdo de las tareas artesanales y mercantiles, y a partir de las guerras médicas aumentó su número y su producción. Ellos contribuyeron decisivamente al desarrollo económico de Atenas, siendo un ejemplo de cómo la esfera social evolucionaba con el factor productivo del individuo, quedando obsoleta la prerrogativa gentilicia. Desde ese momento, los atenienses se preocuparon por fomentar el establecimiento de los Metecos en la ciudad de Atenas, permitiéndoles poseer tierras y un hogar propio.

El período comprendido entre los años 478 y 431 a.C supone la cristalización definitiva de un trabajo filosófico, institucional y militar que he ido analizando en las últimas páginas, la madurez palpable de la luz clásica de Atenas y de Grecia, el esplendor de donde nació gran parte de nuestro mundo, la llamada “Pentecontecía” de la época de Pericles. Aquí se consolidó la democracia radical - y tal vez su aplicación más perfecta - , Atenas fue el centro cultural y político de una hegemonía que irá tomando la forma de un Imperio mediterráneo, la mayor expresión de la empresa iniciada por cretenses y micénicos en los siglos de la más remota antigüedad helénica. Dicho imperio comenzó con un primer boceto de liga ateniense por medio de la coacción sobre ciudades como Naxos y Tasos, así como afrontar la hostilidad de Persia y Esparta, lo cual le obligó a tomar determinaciones: una política exterior defensiva, pactando con los enemigos de Esparta y Persia. Reforzaron las murallas de la ciudad y la flota naval. Reconquistaron tierras en torno al Ática, allí donde colocaron guarniciones defensivas. Hubo expediciones militares contra Esparta y Corinto, y alianzas con Argos, enemiga tradicional de la primera, contiendas prolongadas hasta que finalmente Atenas dominó el crucial istmo de Corinto y obligaba a Esparta a firmar un tratado de paz por treinta años. En cuanto a Persia, siguió siendo una fuerza principal en las tensiones entre el este y el oeste. En todo caso, la estabilidad y la fuerza de Atenas en aquellos días pudo mantener la quietud en un conflicto siempre latente. ¿Cómo logró alcanzar su esplendor?. Los individuos emprendedores, dirigentes cultos, grandes oradores y estrategas, son un factor esencial: la secuencia que arranca en Milcíades, seguido de Temístocles, Arístides, Cimón, y en el pulso definitivo, Efialtes y Perícles. Todos ellos tenían en común la pertenencia a las grandes familias aristocráticas, aunque unos más o menos que otros impulsaron el ideal democrático. Entre ellos hubo disputas, y de hecho fueron desapareciendo de la vida política al ser condenados al ostracismo. Se identifica ya en esta época una cierta disputa entre partidos políticos, unos antagonismos que surgían de distintas apreciaciones respecto al objetivo común.
Efialtes, en un primer paso, exigió una serie de modificaciones constitucionales, haciendo votar una ley mediante la cual pudo reducir los privilegios del Areópago, eliminando parte de sus prerrogativas judiciales y administrativas, restando solo como tribunal para las penas capitales y los delitos de tipo religioso. Esas atribuciones perdidas por el Areópago fueron traspasadas a la “Bulé” y al tribunal de la “Heliea”. Con estas medidas, pudo concretar el final del Areópago como reducto del antiguo arcontado, más vinculado al poder aristocrático. De esta forma el pueblo ganaba poder y participación a través de unas instituciones reformadas, y ésta es la esencia del denominado funcionamiento del régimen democrático radical. Efialtes fue asesinado en circunstancias desconocidas, pero Perícles continuó el trabajo. Perteneciente a la noble familia - de larga tradición y numinosa leyenda - de los Alcmeónidas, sobrino-nieto de Clístenes, Perícles recibió una educación excelsa que hizo de él un intelectual que supo comunicar su ideario con la claridad del filósofo y ejecutar sus gestiones con la contundencia del mejor estratega. Inteligencia, sensibilidad y vara de hierro se conjugan para formar un excepcional carácter histórico. Apenas tuvo oposición durante su mandato, y su labor - nada original - consistió en culminar para nuestra Historia un largo proceso que comenzó con el trabajo de Solón a principios del siglo VI a. C. ¿Cómo quedó configurada esa democracia radical ejecutada por Perícles?. Sobre la base de la reforma de Clístenes y lo establecido por Efialtes, introdujo innovaciones que ampliaron la participación popular en la vida política. En el 457 a.C. los “zeugitas” (tercera clase censada) pudieron acceder al arcontado. Pocos años después instituyó la “Mistoforía”, o retribución de las funciones públicas, destinada a compensar económicamente la pérdida de una jornada de trabajo, lo cual hacía factible la presencia de gentes del campo en las instituciones públicas. Sin embargo, la participación en la Asamblea popular no fue retribuída. Perícles acordó gratificar con un sueldo a miembros auxiliares de la administración, a los hoplitas y a los marinos. Los “thetes” también fueron beneficiados con estas medidas, aunque no pudieron aspirar a alcanzar las máximas magistraturas. El pago de estas retribuciones consistía en una cantidad de dinero discreta y módica, con el objetivo de que los cargos no fuesen asumidos con ánimo de lucro. En aquellos días, los opositores a la democracia advertían de este peligro que en nuestro presente constituye la imagen principal de la corrupción, a la par con la cuantiosa disposición de objetos de lujo administrados mediante el poder tecnológico aplicado a la publicidad, la retórica comercial y la creación artificial de necesidades, lo cual ha creado un mecanismo que alimenta la avaricia sin solución. La “Mistoforía” de Perícles sencillamente actuaba como un estímulo adicional al interés de los atenienses por participar en los asuntos públicos. A partir del 451 a. C., por decreto de Perícles quedó establecida una limitación al acceso a la ciudadanía ateniense, y solo la concedía a los hijos de padre y madre ateniense, cuando en el pasado tan solo era necesaria la ciudadanía del padre. Constituyó un control riguroso sobre el ejercicio de las funciones públicas mediante la “Dokimasía”, un método que permitía a los miembros de la “Bulé” y la “Heliea” valorar las cualidades de los candidatos a formar parte de las funciones públicas, y así determinar si reunían las condiciones que se estimaban necesarias. Por último, la “Grafé pará Nomon” institucionalizó la acción promovida por cualquier ciudadano ateniense contra quien realizara una propuesta considerada ilegal. Esto podía suponer la aplicación de una multa, o incluso la pena de muerte. Tres condenas suponía el castigo de la “Atimia”, la pérdida de los derechos ciudadanos.

La constante amenaza exterior representada en el Imperio Persa, y la necesidad de estabilizar los pactos entre las principales potencias griegas - Esparta, principalmente - fructificó en la creación de una confederación entre las ciudades, la Liga Ático-Délica que entregó a Atenas - en el año 478 a. C. - el poder ejecutivo y constituía así la hegemonía de Atenas en el mar Egeo. Las ciudades formaron una “Simmajía” - agrupación formada bajo la inspiración de medios y estrategias de tipo militar - y tenía como centro el santuario de Delos. A grandes rasgos, la Liga Ático-Délica se caracterizó por su carácter marítimo (formada por ciudades insulares o costeras), su carácter dual ( existencia de dos bloques, Atenas y los aliados, compartiendo los mismos “amigos” y “enemigos”), su disparidad (patente desigualdad entre las ciudades que formaban la Liga, ya que su posición y su voto en la misma dependían de su aportación) y su carácter intemporal por un tratado que no indicaba cuándo debía finalizar un pacto que claramente servía a los intereses atenienses en el mediterráneo. Las confederaciones, los Imperios, la uniones ecumenistas se sostienen en un enemigo común - de facto ideológico o militar - en un interés común y en los valores culturales y de pensamiento que imponen su hegemonía al haber demostrado su valía por el triunfo en la guerra y en la vida política y social, tal y como sucedió en la Atenas del siglo V. La organización de la Liga ateniense tuvo en principio un fin estratégico, y por ello requería de una flota potente, la cual lograron capitalizar con la contribución de todos los aliados según los recursos y las posibilidades de cada “polis”. Estas contribuciones eran anuales y se denominaban “foros” (aportación) que eran recaudados por diez magistrados atenienses. Cimón, tras el declive de Temístocles, introdujo en las naves grandes reformas que las hicieron más potentes y capacitadas para la navegación y la lucha. Dotó a las naves de puentes de abordaje - en proa y popa - más largos, facilitando la capacidad de movimiento de los hoplitas. Años después, el Tesoro de la Liga - constituido por los “foros” - fue transferido desde Delos a la Acrópolis de Atenas, bajo la excusa de que en Delos persistía la amenaza persa, aunque Delos continuó siendo la sede de la Liga. Con la paz de Calías - año 449 a. C. - finalizó la lucha contra los persas, la cual había sido el pretexto para formar la Liga, pero Atenas - que había alcanzado la hegemonía cultural y económica - no quiso deshacer tamaña empresa y exigió que los aliados permanecieran bajo su mando apelando al vínculo de paz y ayuda mutua. Plutarco nos cuenta cómo los atenienses se atrevieron a retirar grandes catidades del Tesoro federal para la reconstrucción de la Acrópolis, al tiempo que la exigencia del pago de los “foros” se endureció y aumentó el control directamente desde Atenas como centro organizador y redistribuidor. Cabe mencionar que no todas las ciudades pagaban una tasa individual, sino que había grupos de pequeñas poblaciones que pagaban en conjunto (Simntelías). El total del tributo a pagar se establecía cada cuatro años y era decretado por el pueblo de Atenas. La “Bulé” se encargaba de trasmitir estos decretos a la Eklesía con dos listas, una contenía el nombre de las ciudades que habían pagado y la otra el nombre de las que debían pagar. Una vez la Eklesía había aprobado estos decretos, se enviaban heraldos a cada ciudad para comunicar el “foro” debido. El retraso en el pago podía comportar una multa o mora llamada “Episfora”. Con el paso del tiempo las contribuciones elevaron la cantidad exigida desde Atenas y, posteriormente, disminuyeron debido a las amputaciones territoriales que sufrieron algunas ciudades por causa de las confiscaciones de tierras dadas a los clerucos atenienses bajo algún pretexto de supuesta rebelión o revuelta. Como vemos, Atenas endurece su legítimo poder sobre el conjunto de la Liga, con la correspondiente injerencia en los asuntos internos de las ciudades.
La concentración del poder en Atenas avanza implacable. En el año 448 a. C., se promulgó un decreto para unificar las pesas y medidas atenienses. Un año después, el decreto de Clinias establecía las normas para la recaudación de tributos. En el 444 a. C., el Tesoro de la Liga se empleó abiertamente para construcciones de la Acrópolis, a pesar de las disidencias de Plutarco:

...Con estos fondos que los griegos nos transfieren para hacer frente a las necesidades de la guerra, nosotros ornamos y maquillamos la ciudad, como una desvergonzada mujerzuela la cubrimos de piedras costosas, de estatuas y de templos que valen más de mil talentos... (PLUTARCO, Vida de Pericles, 12-14).


La crítica fundamental de Plutarco subraya la sustitución de un bien efectivo y duradero como lo eran las naves, por una financiación abusiva a base de dinero recaudado a las ciudades griegas e invertido en el lujo y la propaganda. El abuso de Atenas provocó revueltas en Eubea, Naxos y Tasos. El poderio naval de Atenas le permitió establecer un control sobre todas las regiones que pudieran rebelarse contra su orden establecido. De este modo, por la efectiva laboriosidad de sus numerosos trirremes - a recordar, un trabajo realizado por los “thetes” - al servicio de las naves, la presencia marina de Atenas en el Egeo aseguraba la paz e infundía temor y respeto en sus aliados. La talasocracia ateniense supuso, por tanto, la expresión de un férrero Imperio militar en los mares de la Hélade. Los atenienses llamaban “hipéikoi” a sus aliados, es decir, súbditos. Cabe añadir, no obstante, que la dominación de Atenas no era un Imperio político tal y como lo entendemos hoy un día. Ante todo, era un pacto entre ciudades-estados con la dominación política, cultural y económica de una de ellas. Tenemos la evidencia de cómo Atenas exigía fidelidad a sus aliados, e incluso se apropiaba de una sexagésima parte de los “foros” en beneficio propio. Pero no tenemos constancia de que ejerciera la coacción de forma generalizada para sustituir regímenes políticos establecidos por democracias de propio corte, ni un incremento excesivamente gravoso de los tributos. Fundamentalmente, todas las ciudades se beneficiaron de esta magnífica talasocracia, de la gran consistencia militar e ideológica del Imperio y, en definitiva, de la unidad representada en el esplendor de la cultura griega. Desde la base de su hegemonía en la Liga, Atenas se aseguró la fidelidad de sus aliados con otros medios. En algunas inscripciones nos llega información sobre la posible existencia de ciertas ciudades aliadas que debían aceptar la instalación de guarniciones militares llamadas “furai”, al mando de las cuales estaban los “furacas”. Atenas también ejercía su imposición territorial mediante las “Clerukías”. Se apropiaba de una parte del territorio, lo repartía en lotes ( “Kleros”, porciones de terreno cultivable), y allí instalaba a campesinos atenienses, llamados “Clerucos”. El “cleruco” conservaba su ciudadanía ateniense, aunque éste hubiese emigrado a otra ciudad de la Liga, y servía a la comunidad ejerciendo como hoplita. Digamos que las “Cleruquías” eran, en cierto modo, territorio conquistado por Atenas en tierras independientes de su circunscripción de origen. Además, Atenas estableció en la mayoría de ciudades aliadas unos magistrados especiales - de carácter temporal - llamados “Episcopoi”, es decir, vigilantes a modo de embajadores o agentes del gobierno ateniense. Éstos vigilaban el cobro del tributo, la ejecución de ciertos decretos, la protección de los ciudadanos atenienses que se encontraban en su territorio, la protección de extranjeros colaboradores y favorecidos por Atenas y - posiblemente - comparecían ante la “Bulé” de Atenas una vez concluido el cargo. Por otro lado, el trasiego de bienes y personas dentro del circuito que articulaba a las ciudades aliadas estaba contemplado a través de tratados “interestatales” o “supranacionales” llamados “Simbolai”, los cuales regulaban los asuntos particulares entre los habitantes de las distintas ciudades, o con acuerdos bilaterales de distinta naturaleza. Una civilización global sustentada en una protoidea de derecho internacional, si establecemos un símil con los parámetros del presente.

Y así se piensa que somos amigos de pleitos, nosotros que nos hallamos en desventaja en los juicios relativos a acuerdos comerciales en que somos parte contra nuestros aliados y que vemos sus pleitos ante nuestros tribunales con las mismas leyes que usamos para nosotros mismos... (TUCÍDIDES, Historia de la guerra del Peloponeso)

La mayor actividad de Atenas en el ámbito mercantil la convertía en el primer actor de ese orden internacional. No existe motivo palpable para pensar en la exclusiva intromisión de Atenas en los asuntos judiciales de sus aliados, mientras que la injerencia de Atenas fue notable en cualquier proceso que implicase un asunto de interés público o privado, asuntos que afectaban a ciudadanos atenienses o protegidos de alguna manera por el Estado de Atenas. En ese flujo internacional, cabe mencionar la expansión ateniense hacia el occidente, e indicios tempranos de comercio en las costas del Adriático e intercambio de productos con la región itálica de Etruria. La colonia de Turios, fundada por Atenas en la zona de la Magna Grecia, supuso un bastión heleno frente a la amenaza de los pueblos itálicos. Conocemos también las relaciones de Atenas con Neapolis y la amistad con Corcira, tratados con Segesta, Leontinos y Regio que le permitían la libre utilización de las rutas comerciales del occidente. La expansión hacia oriente estuvo motivada por la valiosa producción de trigo procedente del Mar Negro, pero ante todo por la necesidad de asegurar la fidelidad de aquellas ciudades en permanente contacto con fuerzas políticas, culturales y militares antagónicas a su proyecto global. La Historia persigue constantemente la mundialización de las culturas avanzadas, aquellas que han logrado una cristalización eficaz que se hace patente en una adecuada ordenación de los colectivos en todas sus manifestaciones. A partir de esta perspectiva, vemos un trabajo articulado en la estructura de la sociedad de la Atenas del siglo V. Todavía pervivían las estructuras arcaicas, pero desde la reforma de Solón se logró una situación de igualdad (isonomía) jurídica y política para los ciudadanos, lo cual generó una clara separación de la sociedad en dos bloques, ciudadanos y no ciudadanos, sin categorías legales intermedias. Respecto a los ciudadanos, como ya dijimos anteriormente, con la nueva ley de Pericles, era imprescindible ser hijo de padre y madre atenienses para obtener el título de ciudadano. Este derecho de ciudadanía implicaba tres aspectos fundamentales: el derecho a la propiedad del suelo, el derecho a participar en la vida política y el derecho a ser partícipe de los beneficios económicos de la ciudad, siendo los ciudadanos los primeros beneficiados de las rentas de la ciudad obtenidas con el pago de tributos, multas, explotaciones, etc.
Los Metecos, por otra parte, eran hombres libres (griegos o bárbaros) domiciliados en algún “Demos” del Ática, pero carecían del título de ciudadano. La actividad de los Metecos beneficiaba económicamente a la ciudad, por eso su papel era muy valorado en el conjunto social, aunque tenían que cumplir con unas condiciones económicas especiales (además de estar obligados a contribuir con los mismos impuestos que pagaban todos los ciudadanos, debían de abonar al Estado ateniense un impuesto especial: el “Metoikon”, el cual no era un impuesto gravoso, simplemente se le imponía al Meteco por su condición de no ciudadano, y si no pagaba esta suma adicional podía ser vendido como esclavo), unas condiciones jurídicas (cada Meteco debía ser respaldado por un ciudadano - “Prostatés” - que le representaba ante la justicia, aunque a partir del siglo V ya podían recurrir por su cuenta. Esto nos indica que disfrutaban de cierta personalidad jurídica). El Meteco solo estaba domiciliado en un “Demos” pero no pertenecía a la comunidad y carecía de un “demótico” como seña de identidad ciudadana. Debido a esto, su participación en la vida pública era muy limitada y le era imposible adquirir tierras, por eso dedicaron su esfuerzo a la producción en actividades mercantiles, artesanas, bancarias, etc, de las que tanto beneficio sacaba el conjunto social, por eso el Estado siempre incentivó la presencia de los Metecos, los cuales con el paso del tiempo asimilaron la ideología ateniense y avanzaron en la consecución de sus derechos.
Los esclavos estaban excluidos de todo el ordenamiento social de Atenas. Pertenecían a un dueño y carecían de personalidad jurídica, sin derechos legales, sin poder recurrir a los tribunales, sin participar en la guerra ni, en consecuencia, entrar a formar parte de unos valores esenciales del espíritu de la época. Había esclavos públicos (pertenecían al estado), privados o domésticos (pertenecían a particulares). En cuanto al papel de la mujer en la sociedad de la Grecia clásica, su condición jurídica era casi inexistente, solo era un cauce de transmisión del derecho de ciudadanía a sus hijos, sin poder adquirir propiedades, siempre bajo la dependencia del varón. En el ámbito económico, la Grecia del siglo V entendía la economía como el arte de la buena administración doméstica y el ahorro del patrimonio, y no parece ser una actividad con categoría autónoma - según señala P. Vidal-Naquet - sino más bien vinculada a la política y a la religión, con lo cual hay que entender este conjunto de actividades como una tradición unitaria de creencias y modos de relacionarse con el entorno que hermanaba a todos los individuos desde una esfera espiritual hasta aquella en la que tienen lugar la creación de bienes materiales, de lujo o de subsistencia. La agricultura y la ganadería eran la principal actividad, siendo el laboreo en el campo un “modus vivendi” muy cercano a las divinidades de la naturaleza, la raíz de la civilización y la huella impresa desde la revolución neolítica. En el Ática predominaba el campesino autónomo poseedor de pequeñas propiedades de tipo familiar, la cual no solo era valorada como un bien o medio económico, sino una forma de “status social”. Es decir, la seña de posición social era una tradición de orden material, moral y religioso. Nunca se ha insistido lo suficiente sobre el beneficio que ello comporta a la salud económica y moral de los individuos, y el perjuicio que supone desarticular dicho corpus de sinergias sociales. La artesanía la ejercían los que no poseían tierra, gente de los estratos más bajos de la sociedad. “Demiurgos”, itinerantes, Metecos, aventureros venidos de tierras lejanas. La mayoría de estas actividades se desarrollaban en pequeños talleres con condiciones muy modestas. La producción cerámica es la más significativa, especialmente la cerámica pintada del Ática que se difundió por todo el mediterráneo, abasteciendo mercados griegos y no griegos. El trabajo organizado en torno a la confederación, en suma, abrió todos los caminos para el mercader y el campesino, conviviendo en armónica conjunción de derechos y deberes ciudadanos. Sin apenas margen para el engaño, el secretismo o el miedo al oponente.

jueves 2 de julio de 2009

Atenas: cristalización de valores y emergencia de un nuevo orden

Si contemplamos la situación socioeconómica de aquellos tiempos desde una perspectiva genética, en la península del Ática hallamos el paradigma idóneo de movimiento perfectibilista que va emergiendo al aprovechar la influencia de pensadores singulares y de una tecnología al servicio de la mentalidad marinera y mercantil. El camino hacia la democracia impuso un orden jurídico-científico en detrimento de la imagen espiritual de una prerrogativa y una naturaleza definidora del orden social que emanaba de los antepasados y de la figura a ellos asociada, la ideación mitológica que cohesionaba el orden en torno a los iniciados, los elegidos y los que vencían en la batalla. La meritocracia reducida a un ámbito esencial, y de esta forma fácilmente podía ser gestionada por las élites. Atenas vio otro destello en medio del cambio. Es una de las ciudades más antiguas del Egeo, vinculada a los pelasgos, su población fue la síntesis entre diferentes pueblos indoeuropeos que invadieron la península en torno al año 2.000 a. C. Por tradición decimos que eran gentes jonias, y el testimonio de Solón parece corroborarlo, así como el de los griegos del Asia Menor, los cuales consideraban que de los jonios recibieron su lengua y nombre y las estructuras sociales de carácter tribal y gentilicio. Poseidón y Atenea fraguaron batalla por la posesión del Ática, y venció ésta última diosa para convertirse en su protectora en época del legendario monarca Erecteo, quien instituyó las fiestas de las Panateneas. Pero es Teseo la leyenda que constituye la explicación cosmogónica de Atenas. Él impuso la unidad en el Ática mediante un proceso de sinecismo y proclamó a Atenas como capital del Estado, dotándola de los edificios públicos esenciales. Esto, claramente, no responde a datos historiográficos sino a una imagen cosmogónica que define la identidad de la cultura ateniense y la sostiene con un mito fundacional. Teseo derrotó al minotauro, y de su sapiencia alquímica adquirida al superar éste la prueba del laberinto de Creta surgió en la Historia el germen de nuestra civilización. Era, pues, Atenas en sus inicios una monarquía establecida por los grandes linajes de la tradición, dos dinastías que se disputaban el trono: Erecteidas y Medóntidas. El paso de la monarquía a la aristocracia - tal y como ya vimos en la evolución de la sociedad micénica hasta la era arcaica - es un movimiento progresivo que ilustra la rivalidad entre los miembros de las élites. De hecho, podemos entender a la aristocracia como manifestación de esa necesidad de repartir el poder en favor de una mayor participación de individuos que pertenecen a la élite, lo cual - entendido como un complejo orden sistémico - requiere un mayor control de los actos y los pensamientos de cada uno de los miembros que componen esa esfera social. Sus miembros asumieron distintas funciones como magistrados: el Arconte epónimo, ejercía el poder ejecutivo. El Arconte basileus, conservaba las funciones religiosas. El Arconte polemarca, jefe del ejército y juez en procesos relacionados con los extranjeros. De forma paulatina se acentúa la división de los cargos y el número de Arcontes crece hasta los nueve miembros al añadirse seis más, apareciendo el Arconte Thesmóthetes, ejecutivos en la administración de justicia. Partiendo, pues, de un monarca, la Historia tiende a concretar las distintas funciones del poder y así alcanza mayor eficiencia en la gestión de una globalidad - unas necesidades únicas, similares, pero divergentes en cada individuo, comunidad, espacio y tiempo - que necesita, en cierto modo, ser reconocida en la pluralidad y la singularidad de sus partes. La vida política parece seguir la misma secuencia que la del árbol de las especies biológicas, imagen general del mecanismo que parte de la mitosis celular. Los arcontes que abandonaban su cargo - dotados de la experiencia y el conocimiento acumulado en su función - pasaban a constituir el Areópago, y en esa institución sometían a exámen a los magistrados y los supervisaban, velaban por el cumplimiento, conservación y mantenimiento de las leyes, administraban los asuntos importantes de la ciudad y castigaban a los delincuentes con multas pecuniarias o torturas físicas. Todo, en definitiva, encaminado a preservar el régimen aristocrático y a sus instituciones tradicionales. Existía una asamblea popular (Eklesía) con funciones muy limitadas, tal vez designaba a los magistrados. En las Naucrarías gestionaban la distribución y organización de cada circunscripción naval. Las distintas naucrarías proporcionaban al Estado una nave equipada para cualquier vicisitud militar o mercantil. Un organismo, en síntesis, que optimizaba sus fuerzas desde las partes hacia el todo, y viceversa, ensayo de democracia venidera que hasta llegado el momento continuaría sometido al orden jerárquico tradicional. La estructura social no tenía diferenciación alguna respecto al patrón gentilicio que organizaba y definía la identidad colectiva de los individuos en torno a las secuencias de ascendientes y descendientes. Las familias centraban todo el orden de la sociedad y el Ática quedó dividida en cuatro tribus - Gelcantes, Gicoreis, Argodeis y Hopletes - en función del parentesco. La honorabilidad y el prestigio dependía del linaje. Cada tribu tenía un jefe, la cual a su vez se dividía en tres “Fratrías” (hermandades) cuyos miembros se reconocían entre sí como parientes por ser descendientes de un antepasado común. Integrados en la estructura de la “fratría” estaban los “Orgeones” que se reunían en torno a un culto o divinidad, no obstante eran de origen extranjero y eran acogidos por alguna “fratría” que les proporcionaba el estatus de ciudadanía. Cada “fratría” se subdividía en clanes (Gene o Genos) constituidos por familias. Pocas de esas familias formaban parte de la aristocracia. En ese conglomerado de familias se distingue una desigualdad en base a la profesión o a las posibilidades económicas. Los “eupátridas” (bien nacidos) eran la aristocracia terrateniente que dominaba al resto de la sociedad, acaparando poderes y cargos públicos. Los “Geomores” (agricultores) poseían pequeñas extensiones de tierras, las menos fértiles. Los “demiurgos” eran artesanos, personas marginales o descendientes de extranjeros, sin derechos ciudadanos, aunque a través de los “Orgeones” podían de algún modo participar en la vida ciudadana. Los “Thetes” (jornaleros), trabajadores asalariados, libres y sin derechos de ciudadanía, fueron admitidos en las tribus. La ascendencia y el orden gentilicio definía, por tanto, el poder ostentado, mientras que la clase desarraigada, comerciante y artesana, los hijos de su trabajo y de la propia voluntad, permanecían sojuzgados y dependientes de las clases superiores hasta los tiempos de emergencia comercial y manufacturera - en los siglos VIII y VII - que propiciarían un aumento de ingresos para estos desheredados, aunque Atenas no buscó su solución económica y social en la colonización y este factor retrasó considerablemente la evolución socioeconómica de Atenas comparada con la del restante mundo griego. La manufactura y el comercio de cerámicas, así como los intercambios comerciales con otras zonas del Egeo, provocó la transformación de la sociedad ateniense, a su debido tiempo. Mientras la clase comerciante afianzaba su prosperidad económica, el pequeño y medio campesino se empobrecía ahogado por las deudas debido a un mal reparto de las tierras. Esto les obligaba a pedir préstamos y a hipotecar sus propias vidas y sus tierras como garantía a sus credenciales, lo cual los situaba en riesgo de ser vendidos como esclavos, además de estar obligados a entregar una sexta parte de la cosecha. De ahí una crisis social en la que los artesanos y comerciantes enriquecidos que aspiraban a participar en la vida política ateniense apoyaron a las clases humildes que necesitaban una mejora en sus condiciones de vida. Estamos en el siglo VII a. C. a las puertas de una larga evolución social y política que indica la lucha contra las oligarquías del mito gentilicio auspiciada por los hijos de su trabajo y de la tradición productiva que Hesíodo reivindicaba como un bien sagrado. En realidad, en toda época antigua la sociedad ha sido gobernada por los más capaces y productivos, al menos en origen. La variación de los estamentos privilegiados atiende a los valores predominantes que han triunfado en una sociedad determinada o a la fosilización de un segmento de la sociedad que en principio demostró su valía hasta que - en la voluntad de mantener su privilegio - fundó un mito que legitimaba el poder de determinados colectivos, pasando de una sociedad dinámica de hombres emprendedores a una sociedad estática de clubes cerrados y élites poderosas por la gracia de los dioses...

Así pues, con las nuevas fuerzas sociales tomando conciencia de su potencial se hizo imperativo una regulación jurídica con la creación de convenciones escritas a modo de leyes sagradas que ayuden a cohesionar un Estado al borde del caos civil y político. En un primer paso fueron nombrados seis legisladores que acometieran la tarea, pero el proyecto fracasó y Dracón - en torno al año 624 a. C. - fue quien estableció un trabajo previo de fijación de leyes abiertas a todos los estamentos sociales. Ello disminuyó la arbitrariedad de los “eupatridas” en su habitual aplicación de tipo consuetudinario, pero seguían monopolizando la vida política. Entonces aparece la figura de Solón, legislador eficaz y legendario para nuestra tradición, siendo el representante de una progresión esencial hacia la configuración del Estado moderno: establecer el consenso jurisdiccional bajo la inspiración de un orden ideal, cuasi divino en la concepción de la “Eunomía”, el buen gobierno sostenido en una justicia inquebrantable que apela a la responsabilidad del hombre ante sus propios actos, estableciendo una diferencia entre la religiosidad y los problemas sociales. Fue, además, un político visionario que vislumbró la caducidad del poder gentilicio y reconoció la emergencia de introducir a la clase artesana y comerciante en el concierto de decisiones y trabajos en las distintas instituciones. Empezó a trabajar con el propósito de eliminar la opresión a los más débiles al tiempo que quiso - y lo logró en principio - evitar la indignación de los poderosos que perdían sus privilegios. Todo esto implicaba una empresa muy ambiciosa que suponía llevar a cabo la reforma económica, social y legislativa. Redactó leyes en tablillas, palabras inmortalizadas sobre la arcilla que eran un derecho común que todos podían conocer y debían respetar, abarcando todos los campos que necesitaban de una legislación: penal, político, civil y comercial. En el 594 a. C. Solón adquirió la titulatura de arconte con poderes extraordinarios, lo cual le permitió aplicar su paquete de reformas. La Reforma Social acometía tres puntos esenciales: la “Seisactía” o cancelación de las deudas, la división en clases sociales bajo un nuevo criterio y las normas legales de derecho familiar y público. Con la aplicación de la “Seisactía” pudo aliviar la deplorable situación del campesinado, cuya hipoteca se había traducido en una esclavitud de facto. Solón disminuyó la tasa de interés y prohibió el que las personas fuesen garantes del préstamo recibido. Esto hizo que el campesino ganara independencia y libertad individual. A lo largo de la Historia, la deuda se ha revelado como un mecanismo ineludible en tanto que permite financiar- mediante el préstamo - la iniciativa y la necesidad humana que siempre se anticipan a los recursos reales, pero a la vez - utilizando ese impulso innato y común a nuestra especie - es un instrumento (insisto, ineludible) que las élites aprovechan para mantener al resto en estado de dependencia y sumisión (nótese la intrínseca relación existente entre deuda y pobreza). Éste es un proceso que en la Atenas del siglo VI seguía el patrón marcado por necesidades indispensables de subsistencia, con un alimento y un hábitat básico. En el mundo antiguo, legisladores y gobernantes se preocupaban por cancelar las deudas cuando éstas alcanzaban un numerario inasumible para las rentas de la sociedad en su conjunto, contrariamente al mundo de hoy en el que hay una tendencia a generar deuda de forma indefinida, lo cual despeja el camino hacia la experimentación financiera. En la historia moderna - y con una mayor aceleración a partir de la segunda guerra mundial - dicho proceso ha sufrido un grave trastorno debido a que el bagaje tecnológico de nuestro tiempo ha puesto a disposición de las élites un programa generador de estados, modelos y necesidades ilusorias, un simulacro adicional o supletorio de un estado psicológico o material que se pretende idílico en el imaginario del individuo y del colectivo que somos. Optimizar la sinergia entre las necesidades que podemos crear, cubrir y luego incentivar en un modelo de producción ajustado con la energía disponible (incluye medios fisico-químicos, la creatividad y demás fuerzas psíquicas) es una tarea imprescindible si se quiere hacer del trabajo una participación racional, feliz y constructiva en un orden plausible, teniendo en cuenta que cada individuo es - en sí mismo - una necesidad, un contrapunto, una aptitud distinta que emerge de una naturaleza común a la especie. De lo contrario el trabajo no es trabajo, sino una pieza-autómata de la Gran Maquinaria que genera productos únicamente destinados a justificar y sostener la deuda que las élites aprovechan para mantener su monopolio en el concierto de los actos mundiales y locales. En pocas palabras, un despilfarro de talentos, de energía y de medios. En definitiva, encontrar la óptima sinergia es el mayor reto en cualquier época y sociedad, aunque en el mundo actual el problema se ha agravado como tal vez nunca ha sucedido en la Historia. Nuestro presente expresa la encrucijada que nos obliga a elegir entre la realización personal como base para ese trabajo que construye un mundo no perfecto ni necesariamente perfectible, sino consecuente con la tarea de ser humanos que asumen la responsabilidad de gestionar un mundo contradictorio a su parecer, diverso e insuficiente respecto a sus inquietudes, y el hedonismo como base de una sucesión global de imágenes mecanizadas que imponen el progreso hacia ninguna parte.
En su magna labor de Reforma social , Solón quiso terminar con los derechos de casta, adaptando los derechos y deberes de los ciudadanos a sus respectivas rentas, procediendo a la división de la población en cuatro clases. Este sistema político, en el que en función de la renta de cada clase (unidad de medida: medimno) se le adjudican ciertos derechos políticos y responsabilidades, se conoce como timocracia (timokratia). Los Pentakosiomedimnoi (Pentacosiomedimnos): producen más de 500 medimnos. Los Hippeis: son los que producen más de 300 medimnos. Su nombre proviene de su pertenencia a la caballería (pueden permitirse pagar un caballo). Los Zeugitai: son los que producen entre 200 y 299 medimnos. Son la masa de los labradores o pequeños campesinos que formaban el ejército hoplita (podían pagarse el casco, la espada corta, la coraza...) Los Thetes: producen menos de 200 medimnos.
En la Reforma constitucional estableció un régimen que llamamos Timocracia ("gobierno basado en la tierra"), u Oligarquía ("gobierno de los pocos"), ya que sólo permite el acceso a las instituciones de gobierno superiores a aquellos que poseen las mayores propiedades. Anteriormente sólo los nobles controlaban estas instituciones. Por tanto, la Constitución Soloniana significa una pérdida de poder político para la nobleza y una extensión de éste hacia capas medias de la sociedad. La Constitución de Solón fue meritoria porque a través de la riqueza, permitió el acceso a la acción política a personas ajenas a la nobleza (mercaderes y comerciantes enriquecidos en el intercambio con las colonias mediterráneas, por ejemplo). Además, fue la primera constitución escrita, lo cual ayudó a terminar con las arbitrariedades de los jueces. De este modo, las capas medias trabajadoras de la sociedad lograron una cuota considerable de participación política. La Timocracia significó la división de la población en cuatro clases según los "medimnoi" producidos por una persona. La riqueza determinaba la participación política porque sólo los Pentakosiomedimnoi y quizá los Zeugitai podían optar al "arcontado" (magistraturas ejecutivas). Por tanto, la participación en el Areópago estaba limitada a ellos. Sólo las tres clases superiores podían participar en el ejército, al poder pagarse las armas necesarias. Los Hippeis ("caballeros") podían también pagarse un caballo. El Areópago o Consejo Aristocrático, en época monárquica había sido el Consejo del Rey. En época monárquica se llamaba Bulé, pero cambió su nombre cuando Solón creó la nueva Bulé. En época de Solón fue mantenido como un consejo prestigioso que supervisaba el gobierno de la ciudad, el trabajo de los magistrados, opinaba sobre el gobierno y actuaba como tribunal para delitos graves y de sangre. No podía decidir, pero la Ekklesía intentaba contar con su favor. Estaba compuesto de forma vitalicia por aristócratas, familias poderosas y por los exarcontes.
La Bulé, nuevo órgano creado por Solón, era un Consejo de Cuatrocientos ciudadanos (cien de cada tribu del Ática). Los thétes estaban excluídos de la vida política. Hay dudas sobre sus funciones en época de Solón. Se cree que se ocupaba de proponer leyes y de preparar las reuniones de la Ekklesía. La Ekklesía o Asamblea Ciudadana era la que tomaba todas las decisiones de política interior, exterior, legislativa, judicial y ejecutiva, pero necesitaba la aquiescencia y consejo del Areópago y la Bulé. La Ekklesía elegía a los arcontes, y por tanto, elegía indirectamente a los nuevos miembros del Areópago. Estaba compuesto por todos los ciudadanos mayores de dieciocho años, varones. Delegaba su poder ejecutivo en los nueve arcontes y su poder judicial en el Areópago (tribunal para los casos de homicidio voluntario) y en la Heliea (tribunal ciudadano). La Heliea era un Tribunal de Justicia Ciudadano, compuesto por ciudadanos elegidos por sorteo. Además, en el plano económico, fijó un sistema de medidas y monedas, introdujo modificaciones en agricultura e impulsó la artesanía y el comercio. En síntesis, la sociedad ateniense empezó a liberarse del estatismo que promulga la tradición gentilicia en favor de una renovación de los talentos que regeneran la vida política con una nueva filosofía en todos los ámbitos de acción. De cualquier modo, cabe suscitar la sospecha de que la fuerza social emergente en un proceso revolucionario como el llevado a cabo por Solón - los mercaderes y productores innovadores del presente - puede llegar a ser la aristocracia del futuro si con el transcurso del tiempo termina cristalizando los valores y la estética representada en dicha fuerza social. Los movimientos eugenistas de principios del siglo XX son buena prueba de cómo las élites intelectuales y políticas que crecieron al calor del liberalismo y de la ética protestante retornan a la tentación de construir el fundamento del poder sobre una base biológica, una herencia sanguínea convertida en nobleza (tenemos el ejemplo actual en la conexión familiar existente entre el clan Bush, el cual ha protagonizado dos legislaturas fundamentales en la historia reciente de los Estados Unidos de América, y la monarquía de Inglaterra que perpetua una dinastía muy representativa de la alianza anglosajona, la cual opera como uno de los máximos estamentos del poder mundial), un perfectibilismo que dirige sus tentáculos hacia la promesa de la biotecnología con el objetivo de provocar la mutación de la especie y el subsecuente nacimiento de la nueva humanidad. Un asombroso sincretismo dado en la integración del ideal democrático con el antiguo orden estamental gentilicio. Y esto esta sucediendo en pleno siglo XXI, en ciertos sectores de la élite mundial, aunque seguramente su relevancia política es insignificante comparado con lo que se nos ha dicho en las soflamas de la corriente conspiranoica.

El esfuerzo de Solón no pudo eliminar la tensión relativa al fervor tradicional de unas castas que veían legitimado su poder a pesar de las reformas. Pronto surgieron las consabidas disputas entre las distintas facciones de la nobleza, apareciendo tres grupos políticos (“Paralios“, “Pedieos” y “Diacrios”) que básicamente representaban tipos diferentes de ricos, aquellos que se habían enriquecido con el auge de la actividad comercial y artesanal, enfrentados a la aristocracia. En medio del caos social y político irrumpe la figura del más conocido tirano de Atenas, Pisístrato, quien supo aprovechar las oportunidades que ofrecían las rivalidades entre “Paralios” y “Pedieos” y la que respondía a su propio prestigio adquirido en las luchas contra Megara. Siguiendo el perfil habitual que define el papel que las tiranías ejercieron en la Hélade, en torno a los años 561- 560 a. C. Pisístrato usurpó el poder ganando a la vez el favor y la simpatía del pueblo mediante una conspiración con la cual engañó al pueblo fingiendo ser atacado y llegando malherido con su carro al ágora. Inmediatamente solicitó ante todo el pueblo de Atenas una guardia personal para que lo protegiera, y pronto se le concedieron las prerrogativas necesarias para su función. Impuso su tiranía en tres ocasiones - aunque este punto es discutible por la disparidad de las fuentes de las que disponemos - intercaladas entre dos períodos de exilio. La política de Pisístrato supone un magnífico ejemplo de eficiente gestión en una época necesitada de férreas decisiones que puedan mantener el orden público. En líneas generales, destaca su tendencia sistemática a favorecer a los más humildes, quienes a su vez eran sus máximos partidarios, el interés en activar y desarrollar la economía en el Ática y una preocupación por lograr la paz y unas buenas relaciones con el exterior. En política interior realizó confiscaciones, aunque esto no supuso la hostilidad de toda la esfera aristocrática sino que contó con el apoyo de algunas de las familias principales, e incluso las incorporó a su arcontado. Respetó las instituciones y la legislación establecida por Solón, y supo aprovechar dicho germen para llevar a Atenas a un desarrollo fundamental en su camino hacia el esplendor del siglo V. En materia económica, el mundo agrícola vio como mejoraban sus condiciones gracias a las debidas confiscaciones y a la concesión de préstamos que permitieron mejorar la calidad de las tierras y los sistemas de cultivo. Los comerciantes disfrutaron unas reformas que integraron a Atenas en la exuberante actividad comercial del mediterráneo con una intensidad nunca vista hasta entonces, con las ineludibles modificaciones en el sistema monetario - en las que Pisístrato potenció las acuñaciones áticas - que devino en la unificación de la moneda y la dotó de gran calidad por su aleación y por la belleza de su estampa, protagonizada por la diosa Atenea y la lechuza que simboliza a la ciudad y a su culto. Favoreció también a la industria y a la manufactura, reforzó la flota naval mediante una gran actividad en las naucrarías. La religiosidad ganó sentimiento y estética suntuosa, con el impulso dado a las fiestas Panateneas y al fervor por Dioniso, el cual emanaba desde el campesinado, pero pronto se integró en la vida religiosa de la ciudad. También protegió el culto a las diosas Demeter y Perséfone, protagonistas de los ritos de iniciación en el santuario de Eleusis. Cabe decir que Pisístrato potenció las religiones mistéricas, elevándolas a la categoría de estatales, lo cual señala al gran tirano de Atenas como un rector implacable en todas las esferas de la vida, tanto en el despliegue suntuario de obras públicas que embellecían la ciudad (a la vez que expresaba una política de prestigio) como en el énfasis puesto en la vida espiritual, en la cultura, el valor de los artistas y de los grandes pensadores de aquellos días. Una completud de factores que resultó en una civilización que rozó un esplendor precedente a la venidera perfección clásica. Mencionar, por último, la inteligente política exterior llevada a cabo por Pisístrato, favorecedora del desarrollo económico y la expansión comercial de Atenas y encaminada a afianzarse en un poder que había tomado de forma ilegal, una inseguridad que aplacó desplegando una diplomacia que le permitió obtener apoyos para reforzar su poder, buscando contactos y alianzas con el objeto de facilitar la posición de Atenas en todo el entramado comercial y político del Egeo y del mediterráneo en su conjunto. Tras la muerte de Pisístrato vino el declive de su dinastía representada en las tribulaciones de Hipias e Hiparco. Clístenes heredó, a pesar de toda la evolución anterior, una situación de lucha entre los partidarios de las oligarquías y los que querían continuar la reforma iniciada por Solón hacia la plena democracia, siendo Clístenes un aguerrido defensor de ésta última idea. Iságoras, en connivencia ideológica y militar con Esparta, representó los intereses de los oligarcas. Con la victoria de Clístenes las fuerzas espartanas se retiraron de Atenas y perdieron toda esperanza de instaurar un régimen oligárquico en el Ática. Aquí esta el origen de la tradicional rivalidad política entre Atenas y Esparta, expresión primera del inmovilismo enraizado en la tradición de Esparta, y del cambio y progreso hacia un nuevo orden global que representaba la democracia ateniense. Primer flujo claramente reconocible de lo que unos pocos milenios más tarde identificamos en la polarización de la Izquierda y la Derecha. Éstas son, en realidad, dos formas distintas de articular un mismo poder: canalizar la influencia directamente desde una minoría privilegiada que ejerce la autoridad inspirada en la Tradición, o desde la voluntad popular que prescinde de dicha Tradición y deposita un voto condicionado por la información recibida a través de siglas y enunciados que emergen desde la prensa y los medios en general, con ausencia total de un debate profundo y matizado que verdaderamente permita conocer la amplitud y profundidad de los problemas sociales. La Grecia de Pericles pudo ejercer una voluntad popular basada en la acción cívica directa, donde cada actor de la vida pública representaba de primera mano los problemas e intereses de cada sector de la sociedad. Veamos cómo Clístenes despejó el camino. Asciende al arcontado en el año 508 a.C. Podemos dividir su reforma en dos coordenadas. La primera de ellas, de orden territorial y administrativa, supone cambiar el concepto de sociedad humana, desde la tradición aristocrática que valora la humanidad por la pertenencia a un clan familiar a la idea de igualdad que distingue a los individuos por su circunscripción geográfica y su capacidad productiva, simple y llanamente. El objetivo de esta reforma, no obstante, era eliminar los principios gentilicios que imponían la autoridad del linaje privilegiado con el objetivo de hacer que la vida pública estuviera más abierta a la participación de un mayor número posible de sectores sociales. Dividió a la población en tres agrupaciones: “Demos“, la unidad administrativa que utilizó Clístenes para configurar su distribución territorial, inicialmente eran nucleos rurales aunque incluyó a la comunidad urbana. Se calcula que hubo entre cien y ciento cuarenta “Demos”, y cada “Demos” tenía entre cien y trescientos ciudadanos adultos. El “demótico” era un nombre que se le adjudicaba a cada ciudadano, mediante el cual se indicaba la comunidad geográfica de pertenencia, al tiempo que marcaba su identidad como ciudadano. El territorio que alumbra la conciencia de un individuo - y la consecuente tradición emanada del ambiente específico - es efectivamente la verdadera patria y condición que articula y cristaliza la relación con sus semejantes, aunque la creación artificial de comunidades utilizada por Clístenes excluía a los valores de la tradición póstuma a la “koiné” y al carácter globalizador que permanecía en la estructura ideológica en cualquier región griega. Pero, en otro sentido, igualar a los ciudadanos en derechos cívicos diferenciándolos por su territorio original es una idea que fortalece los vínculos socioambientales. Cada uno de los “Demos”, además, era una comunidad en cierto modo independiente. Tenía su propia asamblea celebrada en el ágora, y elegían a su propio dirigente, el “demarca”. Gestionaba sus finanzas locales y administraba los bienes comunales. Tenía sus propios cultos y festividades y confeccionaba las listas de sus ciudadanos. Cada “Demos” tenía representación en la bulé de Atenas, ofrecía a sus ciudadanos para ejercer la milicia y la participación de todos en la gestión de los asuntos locales supuso un magnífico aprendizaje en su formación política.
La “Tritties”, siguiente división poblacional, indica treinta circunscripciones o distritos de población, sobre las que poco o nada conocemos. Por último, las Tribus. Clístenes creo artificialmente diez tribus que sustituyeron a las tribus tradicionales del orden gentilicio, con circunscripciones únicamente territoriales y formación heterogénea. Cada tribu aportaba un batallón hoplita y su regimiento de caballería al frente del cual estaba el “estratego”. La importancia última de las tribus era la configuración institucional, pues cada una de ellas asignaba anualmente y por sorteo a cincuenta de sus miembros que formarían parte del consejo de la ciudad o “Bulé”. Así pues, cristalizaba la idea de una sociedad de iguales (isonomía) en la que desde la autonomía y singularidad de sus partes quedaba establecido un orden global ejecutado con relativa perfección. Sacrificar un legado genético-biológico y una tradición velada por los “aristoi” - herederos y depositarios, nunca hay que olvidarlo, de unos valores revelados en grandes hazañas que conformaron la nobleza de espíritu - por la isonomía establecida mediante la mezcla indistinta de ciudadanos corrientes es definir la “areté” en la convivencia y la convención que posibilita la libertad democrática. Quizá ésta sea la encrucijada que necesita de una solución realista en cualquiera de los tiempos, aunque en mayor grado para nosotros, perdidos entre la pulsión del igualitarismo y la necesidad de encontrar a héroes que además de ser capaces de competir con efectividad económica, puedan ser un modelo para la nobleza de espíritu que nuestro tiempo necesita con urgencia. Y lo cierto es que aquellas que antiguamente fueron Hermandades cuya razón legítima era la tradición definida en el parentesco, tras la supresión del orden gentilicio irrumpe en la edad moderna un nuevo tipo de Hermandad constituida por oligarcas que marcan con sus tácticas financieras el rumbo de los mercados, la creación o destrucción de empleo y, en suma, la economía que de inmediato, día a día, rige nuestras vidas.

En el orden institucional, Clístenes adoptó una posición continuista con las instituciones existentes, mantuvo incluso al Areópago (reducto de la aristocracia más tradicional), aunque despojado de algunas de sus anteriores atribuciones en favor de otros sectores ciudadanos. La “Bulé”, consejo de los quinientos, base de la soberanía popular, formado por cincuenta “buletas” escogidos en cada tribu por sorteo. Sus miembros tenían que ser mayores de treinta años, solo podían ejercer el cargo dos veces en su vida y su duración era un año. Clístenes estableció un juramento para los buletas, por el que quedaban comprometidos a aconsejar conforme a las leyes y a obrar para el bien de la comunidad. En la “Bulé” preparaban las sesiones de la Eklesía en torno a cualquiera de los asuntos públicos. La Eklesía era la asamblea popular, y en ella todos los ciudadanos podían participar con voz y voto. Allí decidían - por encima de la Bulé y el Areópago - los asuntos públicos tras un informe previamente preparado en la Bulé. Tenían competencia en las cuestiones financieras y tomaban decisiones respecto a la guerra y la paz, votaban las magistraturas y censuraban cargos salientes. Otra institución era la “Heliea”, tribunal popular que sufrió una reestructuración en la aportación de las tribus. En las magistraturas, los arcontes seguían siendo miembros de la aristocracia, pero - al igual que el Areópago - vio modificadas algunas atribuciones. Se introdujo a un secretario Thesmothetes para que cada tribu pudiera asignar a un miembro del colegio del arcontado. Y, en fin, modificó el calendario lunar en contra de la tradición aristocrática e isntauró el ostracismo como medida preventiva frente a cualquier aristócrata o ciudadano que pudiera ser sospechoso de violar el nuevo orden basado en la “isonomía” o de ser partidario de retornar al viejo orden. Clístenes, en definitiva, fundó un primer modelo de Estado que sirve de guía a lo largo de los siglos hasta hoy. Su problemática esencial - disminución del factor meritocrático y de la teórica jerarquización entre individuos y comunidades bajo criterios cualitativos en favor de una mayor participación política en términos cuantitativos - sigue esperando la idea que optimice el aprendizaje recibido en dos tradiciones de necesaria y profunda comprensión a todos los efectos. Si el campesinado - por su vínculo con la tierra, del cual surge una deificación de la naturaleza y el consecuente orden tradicional de héroes y dioses sostenido por los "aristoi" - simpatiza con un modelo oligárquico, la primera tradición conservadora, la clase compuesta por la iniciativa de mercaderes y comerciantes generalmente es partidaria de una democratización política que le permita ascender en la escala de influencia sobre el conjunto social. De esta forma, en la edad moderna la burguesía consolidó su poder en una época óptima para el desarrollo tecnológico que posibilita la utilización de la experimentación financiera hasta límites desconocidos, la manipulación informativa que deforma la verdadera naturaleza de las operaciones bursátiles, la impunidad de una demoniaca especulación que esta jugando con los recursos mundiales de nuestro tiempo. A modo de ejemplo, termino el artículo de hoy con una noticia reciente y que nos remite a la idea explicada; la posibilidad de que nuestra civilización - regida por el orden financiero de los mercaderes que impulsaron la democracia - esté en manos de una Hermandad cuasi secreta de oligarcas inspirados únicamente en su egoísmo, según lo que de momento podemos apreciar desde nuestra posición de ciudadanos vapuleados por la marea de la desinformación. Y es que, por otro lado, en España los datos referentes al número de parados en el mes de junio señalan la cifra real de 4.956.195, rozando la temible cifra de los 5 millones de desempleados ( según datos del INEM: http://www.inem.es/inem/cifras/datos_avance/datos/datos_2009/AV_SISPE_0906.pdf, consúltese la página 13 ) frente a los 3,5 millones de parados registrados que ha publicitado el gobierno con la complicidad de prensa y televisión. Imposible ejercer la libertad y la participación cuando los propios ciudadanos se desentienden de la realidad y nadie alza su voz para denunciar la mentira.



El 'broker' que disparó el precio del petróleo.

Las operaciones no autorizadas del agente causaron pérdidas millonarias

Actualizado viernes 03/07/2009 11:41

Efe

Londres.- El súbito incremento de los precios del crudo registrado el jueves, cuando alcanzaron su cota más alta este año, se debió a una maniobra especuladora no autorizada de un 'trader' en el mercado del Brent y causó pérdidas por cerca de 10 millones de dólares.

PMV Oil Associates, la mayor de las firmas dedicadas al comercio de petróleo extrabursátil ('over the counter'), dijo haber sido "víctima de una operación no autorizada", informa el diario 'Financial Times'.

"Como resultado de una serie de operaciones comerciales no autorizadas, PMV se encontró con importantes volúmenes de contratos de futuro. Cuando se descubrió esto, se cerraron las posiciones", afirma la empresa en un comunicado.

Los contratos de futuro obligan a comprar o vender un número determinado de barriles de petróleo en una fecha futura y con un precio establecido de antemano.

Los agentes que operan en Londres y Nueva York atribuyeron el incremento excepcional de la actividad y el fuerte aumento de los precios en las primeras horas del martes a operaciones no autorizadas aunque algunos pensaron en un principio que tal vez se debía a un acontecimiento geopolítico.

"Los volúmenes negociados y los precios se incrementaron en más de un dólar el barril sin justificación aparente", dijo un 'trader' en Nueva York.

Según los expertos, más de la mitad de las actividades extraordinarias del mercado pueden atribuirse a la maniobra especuladora de este agente mientras que el resto se debió a que otros decidieron seguir la tendencia.

El 'Financial Times' ha identificado al responsable: se trata, según el periódico, de Steve Perkins. El consejero delegado de PVM, David Hufton, ha criticado con frecuencia a los especuladores que operan en el mercado del petróleo

"Si no existiesen los mercados de futuros, los precios (del crudo) serían mucho más bajos", afirmó en una ocasión.



Fuente:http://www.elmundo.es/mundodinero/2009/07/03/economia/1246614117.html

lunes 22 de junio de 2009

De las colonias a las tiranías: crisis social y surgimiento de un nuevo poder

Durante el período comprendido entre el 750 y 550 tuvieron lugar y tiempo los distintos factores que a juicio de hoy caracterizaron el arcaísmo pleno. Vuelve el ciclo de necesidad que anteriormente había recorrido tierras e inspirado acciones similares en la época de la expansión micénica. Necesidad de desplegar el potencial productivo de las comunidades que reflejaban su estatus en el trabajo y en la posesión de tierras, o la iniciativa de ir a la mar en busca de nuevos horizontes, siguiendo la estela de los héroes homéricos. La colonización griega es la plasmación fáctica del mito que dio luz a aquellos pueblos en una etapa de luces y sombras en su transición hacia la madurez clásica. Veamos cómo el orden social empezó a cambiar en un tiempo relativamente escaso, aceleración histórica que responde a razones económicas. En este punto, la grecia del siglo VIII a. C., identificamos el nacimiento de la primera burguesía de la historia, manufacturera y comerciante. Entonces la calidad de vida aumenta en toda la Hélade y se produce - una vez más - la eclosión demográfica cuyas muestras principales son los excedentes agrícolas y el florecimiento de talleres de cerámica y otros productos artesanos. Era una actividad concentrada en los hábitats urbanos, la cual permitió al hombre libre vivir sin estar sujeto al trabajo como jornaleros en las tierras de los grandes señores. De este modo empezaron a acumular riqueza, y surge una nueva fuerza social que se tradujo en una cierta emancipación ideológica. El orden sociocultural hasta entonces regido por la eximia presencia y el absolutismo de los Aristoi había encontrado un foco de inspiración divergente respecto al patrón de origen. Se abre el camino - a partir de ésta transformación socioeconómica y del modo de producción - hacia el cambio político, en un primer paso. La capacidad productiva de individuos y de comunidades aumentó y se hizo necesaria la aparición de la moneda como objeto de valor correspondiente con los activos en circulación, cuyas utilizaciones más inmediatas fueron la fiscalidad y el desarrollo de las obligaciones e instituciones ciudadanas (liturgias, gastos públicos, tasas...), la financiación de mercenarios, intercambios privados dentro del ágora ciudadana, y la moneda, en fin, como signo y emblema cívico de la vida en la “polis” griega.

Las costas del mediterráneo esperaban fértiles y estratégicamente situadas en el mapa civilizador que siglos antes habían perfilado los micénicos, siendo así que la colonización griega supone un nuevo ciclo expansivo de una misma potencia subyacente al curso de los siglos en el clima, la geografía y el espíritu que impregnaba el Egeo de Ulises y Aquiles. Un propósito comercial unido a la tradición legada por Homero, aunque cabe indicar un esquema preciso que exponga las causas de la colonización efectuada a lo largo y ancho del mediterráneo. El factor agrícola y demográfico, quizá el más relevante, enfatiza la necesidad de hallar y conquistar nuevas tierras ante un aumento demográfico que hacía insuficientes a los lotes de tierra que por tradición heredaban las familias para su explotación, además del acaparamiento de tierras por parte de los poderosos. Había que buscar tierras lejos de la ciudad de origen, formar “apoikias” (comunidad autónoma agraria, independiente de la metrópoli y con su respectiva ceremonia de fundación) en terrenos adecuados atendiendo a su extensión y calidad. Los comerciantes, por otro lado, necesitaban establecer centros y vías de comercio para la adquisición de materias primas, fundamentalmente metales y cereal, y abrir nuevos mercados para introducir los excedentes de vino, aceite, cerámicas y otros objetos de lujo. Paulatinamente, con la progresiva ocupación de tierras nacieron nuevas ciudades-estado griegas inmiscuidas en la idiosincrasia derivada de un culto centralizador y una posición diferenciada respecto a la polis de origen, pero cohesionada en la koiné que en todo tiempo y lugar los hacía partícipes de una cultura global. Varias fueron las consecuencias de la colonización griega: económicas (incremento y desarrollo del comercio con la adquisición de una mayor abundancia de materias primas y multiplicación de mercados exteriores. Los griegos exportaban productos manufacturados). Toda esta actividad supuso la mejora en la construcción naval, la pérdida total de la autarquía para aquellas ciudades que aún mantenían un régimen económico atrasado y la apertura de nuevas rutas comerciales que todos aprovecharon. No obstante, al parecer no hubo una política comercial concertada y organizada entre todas las ciudades. Surge el comerciante libre, expresión de individualismo en su inicativa y capacidad productiva. Libre y dispuesto a conquistar cimas de poder en una sociedad cada vez más abierta. La expansión de los méritos individuales tendrá consecuencias en todo el orden social. Esta burguesía será la promotora de las clases más desfavorecidas, las cuales representaban el origen de una carrera que hacía responsable a la nueva clase comercial del devenir abierto ante el conjunto de ciudadanos. En cuanto a las consecuencias de orden social, las ciudades nuevas podían avanzar desligadas en cierto modo de la tradición y de la ciudad de origen, apareciendo nuevas instituciones y nuevos cultos consecuentes de fenómenos de sincretismo cuyo origen se halla en la convivencia establecida con los indígenas habitantes de las tierras ocupadas. El espíritu de la koiné no permitía la plena emancipación cultural, pero sin duda el contacto con tribus ajenas al mundo griego contribuyó a configurar un ecumenismo desde el que patentaron la supremacía de su tradición. La cultura griega estableció su hegemonía en todo el mediterráneo sin demasiadas dificultades teniendo en cuenta su superioridad manifiesta en la riqueza de sus ornamentos y la homogeneidad del paisaje y el clima en un ámbito territorial que da lugar a unos mismos dioses con distintos nombres. Pero - al trasluz de este fenómeno expansivo - en la “polis” crecía la tensión social entre las dos posiciones más alejadas; la aristocracia comenzaba a afrontar el descontento de las clases más desfavorecidas que veían su posición colindante con la esclavitud, inevitable consecuencia del abuso de poder por parte de los grandes terratenientes. Las transformaciones en agricultura, además, provocaron la llegada desde las colonias de un cereal de mayor calidad y más barato. Igualmente los jornaleros (Thetes) se veían afectados por los abusos de una aristocracia que concentraba en sí misma los cargos públicos, civiles y religiosos, ejercían e interpretaban la justicia a su antojo y ocupaban los principales puestos en el ejército. Las crisis son el signo de grandes cambios que se avecinan. Siempre ha sido así. Pero no siempre las élites salen reforzadas. Las mejoras técnicas posibilitaron el auge de los artesanos y comerciantes que basaban su riqueza en el trabajo y la producción, y no en la tradición gentilicia y en la veneración de ascendientes divinizados. Ya desde la antigüedad, el desarrollo tecnológico va a la par con la cada vez mayor influencia y posterior hegemonía de una clase media en origen que puede alcanzar progresivamente cotas de poder inimaginables para cualquier heredero de sangre azul. Fueron estas clases medias adineradas las que ofrecieron su renovado papel en favor de los más débiles, sabiendo que su mayor poder adquisitivo se tradujo en la reclamación del derecho a participar en la política y las instituciones cívicas de la “polis”. El auge de las clases medias amenaza el monopolio que disfrutan las élites. Aquella expansión demográfica, junto con un tejido de relaciones públicas y diplomáticas tendente a una mayor complejidad, inclusive los posibles enfrentamientos entre distintas ciudades, indujo una nueva forma de combatir y una nueva milicia de masas. El ejército hoplita (formado principalmente por campesinos independientes que podían costearse el equipo militar) combatía con armamento pesado (armadura, escudo, espada corta y lanza) y utilizaba una nueva técnica de combate en formación para una mayor eficiencia en la defensa. Anteriormente, la aristocracia guerrera asumía estas funciones, pero siguiendo un modelo de caballería muy distinto al modo de proceder de los hoplitas, usando el carro y el caballo. La institución del ejército hoplita supuso para las clases medias-bajas una toma de conciencia de que ya no necesitaban a los aristócratas del modo en que hasta entonces los habían necesitado para sentirse protegidos y defendidos ante la amenaza de algún ejército externo a su circunscripción. Disminuía, por tanto, la concentración del poder en el orden ciudadano y la sociedad abría sus instituciones a un mayor número de componentes. El orden jurisdiccional empezó a dilatarse ante la necesidad de construir un gobierno atento a una mayor amplitud y profundidad en el desarrollo de las necesidades. Pronto se hizo necesaria una legislación escrita y convenida entre todas las partes implicadas en la vida ciudadana. Sin embargo estos avances no pudieron aplacar el descontento en la “polis” y es entonces cuando aparece la figura del Tirano. Solía ser un miembro de la aristocracia, hostil a la misma, que alcanza el poder político mediante el uso de la fuerza militar (podía ser, de facto, un líder militar que usurpaba el poder). En ocasiones pudo ser un magistrado que transforma su poder legítimo en tiranía. El Tirano era un demagogo que se autoadjudicaba la defensa y el liderazgo del pueblo contra la opresión ejercida por los aristócratas. Respetaba la constitución y colocaba en las magistraturas a representantes leales a su persona, siguiendo además una política económica enfocada a atender las necesidades del campesinado. Confiscaban tierras de la nobleza para repartirlas entre los más necesitados e impulsaron la vida laboral mediante obras públicas, lo cual fue una forma muy efectiva de proporcionar trabajo y de remodelar las ciudades con magníficas obras de ingeniería. La artesanía y el comercio fueron baluartes en la política expansiva de los tiranos además del saneamiento de la hacienda y la cancelación de deudas. En política exterior practicaron una diplomacia que favorecía su prestigio en el exterior, la cooperación en las actividades mercantiles y todo aquello que reforzara un poder efímero. Así pues, las tiranías fueron un fenómeno limitado en el tiempo, la transición necesaria en tiempos de crisis social y la fuerza que mostraba oposición frente a la oligarquía aristocrática. Una vez restaurado el orden, el pueblo exigía la vuelta a un gobierno regular donde el poder no fuera ejercido por un solo hombre.

sábado 13 de junio de 2009

Los Aristoi. Tesis preliminar sobre el problema de las distancias en la jerarquía del poder

La cultura griega que empieza a gestarse a partir del 1.100 a.d. C. es un consecuente de un fuerte flujo de movimientos migratorios (la migración doria es la expresión genérica dada a esta fase) que se suceden durante cientos de años después de que los grandes imperios del mediterráneo oriental sufrieran una descomposición tradicionalmente explicada mediante los efectos de la llamada "invasión de los pueblos del mar". Fue algo similar a una decadencia apocalíptica. Los vestigios que nos han llegado revelan signos de pillaje, incendios y migraciones en masa que traslucen la enorme dimensión de aquellos conflictos, similares a una guerra y desarticulación global en las zonas que hasta entonces habían representado el mayor auge de la civilización en tiempos pre-helénicos. El fin de la cultura y de la talasocracia micénica dejó un vacío de poder que será aprovechado por nuevas poblaciones de origen indoeuropeo que se instalan en tierra griega, ocupada por un heterogéneo substrato cultural y lingüístico en el cual de algún modo había permanecido el conocimiento de un pasado de esplendor y riqueza. Los nuevos pobladores se integran en aquel mundo superviviente y surgen nuevas formas dialectales desde una base poblacional que define las tribus griegas tradicionalmente consideradas: jonios, eolios y dorios. La superpoblación motivó las migraciones que configuraron la distribución en torno al egeo de estas tribus principales. Los jonios emigraron hacia la costa de asia menor, ocuparon gran parte de las Cícladas, Eubea y el Ática. Los eolios hacia el norte de la costa de Anatolia. Los dorios se instalaron en Laconia, Mesenia, Creta, Rodas y las Cícladas del sur. La tradición oral homérica rescató para la grecia arcaica el recuerdo y los valores de aquella civilización desaparecida e idealizada en un folclore canalizado por los cantores (rapsodas) de poesía épica. Homero remite, pues, a una extensa tradición oral que en torno al siglo VIII a. C. fue sintetizada en obras inmortales como La Odisea y La Illiada. La cuestión de la validez historiográfica de estas obras continúa abierta al debate entre quienes defienden su utilidad para la comprensión y conocimiento del mundo micénico y aquellos que mantienen su escepticismo ante la épica que idealizó un pasado ya irrecuperable y del cual poco o nada podemos conocer a ciencia cierta. No obstante, se han hallado correspondencias entre los topónimos de ciudades antiguas utilizados por Homero, nombres de héroes y divinidades con las escrituras en Lineal B. La clave puede estar en un momento cultural - el de aquellas edades - que escapa a los cauces de comprensión de los que ahora disponemos. Probablemente la poesía homérica expresaba un deseo de cara al porvenir, y no un testimonio nostálgico de la época dorada. La creación persigue ante todo la realización de las potencias latentes, no simplemente la recreación de un estado ideal como referente desde el que empezar de nuevo. Aquiles y Ulises son la fuerza arquetípica que inspiró la iniciativa de los espíritus que forjarán el esplendor del imperio griego en la época clásica y - resolutivamente - la gran empresa global de Alejandro el Grande. En definitiva, la poesía homérica refleja la encrucijada del humán ante el espejo que muestra el futuro y frente a la incertidumbre que provoca el esplendor de un destello que se apaga en un pasado inalcanzable.

Con la debacle de la civilización micénica concluyó el orden monárquico que durante siglos había concentrado todos los poderes en la persona del “Wanax” y en las estancias de su palacio. La Grecia que resurge tras la llegada de nuevos pueblos fundamenta el poder en una clase social cuyo privilegio procede de una ascendencia divina, o emparentada con héroes o linajes legendarios de tal forma que utilizaban el mito como catalizador de la admiración y el temor que las clases inferiores sentían ante un orden establecido en base a la areté, virtud y excelencia de los mejores. Son los "Aristoi", el estamento social formado por una nobleza poseedora de grandes riquezas en ganado y tierras, agrupados en "Genos" (familias) al mando de los cuales estaba el "Basileis" ( el cual se atribuyó parte de las funciones de los reyes micénicos en un intento de perpetuar el orden anterior), los jefes de la familia y de la comunidad, poseedores de la casa o hacienda - la cual incluía toda riqueza, esclavos y ganado - y de grandes extensiones de terreno para su explotación. Cultivadores de la virtud en la caza, la nobleza de espíritu, la belleza y el cuidado físico, el honor y el valor en la guerra, estos "Aristoi" prolongaban los valores del antiguo monarca en la historia de Grecia y sigue siendo el mismo espíritu de las élites el que fundamentaba moral y estéticamente a aquellas sociedades arcaicas. Desde la perspectiva de nuestro mundo actual, en el que el voto es consecuencia de un montaje mediático orientado desde la financiación interesada de ciertos grupos de presión, no resulta fácil aprehender la sumisión del pueblo ante los aristócratas, ya que ésta venía impuesta por una autoridad fundamentada en el valor demostrado y ejercido en cada batalla, el sacrificio de arriesgar la vida por los demás, y en la firme convicción de un gusto exquisito por la vida austera y ornamentada con armas nobles y bella pintura en cerámica. Los campesinos libres eran la segunda categoría social, propietarios de pequeñas posesiones de ganado y tierras de cultivo (Kleros), de algún esclavo o podían alquilar los servicios de jornaleros para que le ayudaran en sus labores. Los "Thetes", última categoría social de hombres libres, desprotegidos y obligados a depender de su trabajo para poder subsistir, la mayoría contratados para cultivar la tierra por un sueldo paupérrimo. Los esclavos solían ser prisioneros de guerra o víctimas de pillaje y piratería. Aunque tenemos poca información sobre este estamento, sabemos que estaban integrados en el "Oikos" (la casa, o conjunto de bienes y personas) y recibía protección, al tiempo que el jefe del "Oikos" tenía sobre él derecho de vida o muerte. Al margen de esta estructura jerarquizada estan los demiurgos, término en el que englobamos un conjunto de profesiones llevadas a cabo por trabajadores libres pero no integrados en la comunidad. Su modo de vida era itinerante, prestando servicios a los Aristoi. Podían ser artesanos, sacerdotes y adivinos, heraldos o rapsodas.
La economía giraba en torno al "Oikos", centro de bienes y personas - libres o esclavas - organizados por un jefe que gestionaba un patrimonio de riquezas muebles e inmuebles inseparables de un grupo humano cohesionado en razón de parentesco, pleitesía o servicio. La autarquía era el ideal de esta comunidad, la cual basaba su prosperidad en la eficiente administración de los propios recursos, principalmente los aportados por la agricultura y la ganadería. El "Basileis", como ya hemos apuntado, concentró en su persona las funciones del "Wanax" micénico, elegido no por vínculo hereditario, sino mediante un proceso electivo en función de las riquezas poseídas y del poder militar. La Gerusía (consejo de nobles formado por los Aristoi de mayor confianza) y la asamblea del "Demos" eran dos órganos de consulta en el poder ejecutivo. El poder judicial suponía entregar los asuntos de justicia al criterio personal del Basileis en un tiempo en el que todavía no existía una legislación escrita. Finalmente, el "Basileis" era mediador entre los hombres y los dioses, encargado de hacer los honores al Dios correpondiente en nombre de la comunidad. Resulta evidente que el mismo espíritu elitista y el monopolio de todos los ámbitos de la existencia seguía concentrado en el poder de unos pocos hombres que, eso sí, afirmaban su autoridad en acciones que ejemplificaban y validaban los valores de su época. La contraparte a ésta apreciación la hallamos en la poesía y la reflexión de Hesiodo, testimonio antagónico a Homero que fustiga a las élites ( las tildaba de “devoradores de regalos”) y reivindica la vida campesina como un trabajo que fortalece al ser humano y lo dignifica. Sus teogonías siguen el esquema inspirado en su sentido moral de justicia y verdad. Hesiodo, en definitiva, nos permite atender a las flaquezas de la élite que - con toda la nobleza y el valor ejercidos en su función militar - abusa de su posición y dictamina sobre la base de un criterio huérfano de la aprenhensión de la vida campesina, los problemas de la gente humilde, y la consecuente incomprensión respecto a la complejidad del tejido social que ellos dominaban desde su posición en la cúspide. Las élites, en aquellos tiempos, hacían de su virtud un ejemplo desde un ámbito de estabilidad y riqueza material que les venía dada por la tradición de sus ancestros, lo cual inducía el consciente y proclamado desprecio ante las clases inferiores que ni siquiera habían tenido la oportunidad de desarrollar el cultivo de la "areté". La magnitud del desprecio puede estar determinada por la distancia entre las distintas posiciones en la jerarquía partiendo de quienes están en la cúspide, pues éste sentimiento de superioridad es consustancial al ser humano. La religión impregnaba el sello personal de todos los individuos de una comunidad, independientemente de su estatus social, al igual que la cosmovisión panteísta vinculada a la bienaventuranza que procedía de la tierra. Quedó establecida, pues, una fraternidad de individuos en relación a un ámbito de la vida social muy concreto. Es decir, la tradición que recorría todo el espectro de la estructura social y articulaba la relación entre la plebe y la aristocracia mediante la legitimidad de sus creencias compartidas, disminuyendo el desprecio potencial que las élites - debido a un rasgo común en la psicología de la especie humana, y que será explicado en profundidad en otra parte de este libro - pueden llegar a desplegar utilizando instrumentos y formas de una crueldad aterradora. En el mundo de hoy, la laicidad ha roto los vínculos con la espiritualidad fundamentada en la tierra y con el sentimiento de formar parte de una comunidad específica vertebrada en torno a determinados arquetipos también de orden espiritual. La pulsión posmoderna ha desacreditado en gran medida a la tradición y a los absolutos que definían un marco de presupuestos comunes, con lo cual todo el orden ascensional de la sociedad viene determinado principalmente por el poder adquisitivo del individuo y por las relaciones condicionales (es decir, relaciones humanas superfluas). La distancia entre la cúspide y la gran masa de ciudadanos se ha hecho insalvable en la articulación del tejido de la sociedad, tanto en el sentido vertical como en el horizontal. La transformación de la sociedad estática tradicional en un sistema dinámico basado en el individualismo nos permitió ganar la libertad entre competidores - incentivando el éxito social y empresarial de los individuos más dotados - al tiempo que desaparecía esa conexión indispensable para detener la marcha destructora del egoísmo. Y ahora tenemos un conglomerado de "egos" que se aíslan para reafirmar su valor en la frenética ansiedad por poseer los bienes y manipular las voluntades de aquellos que no han accedido a tamaña esfera de influencia, lo cual incentiva la corrupción y el fraude que - paradójicamente - permite el triunfo y la relevancia social de los mediocres...

Volviendo a la era arcaica, la introducción de la metalurgia del hierro en la Hélade propició un mayor desarrollo del comercio y las actividades industriales así como de la agricultura, lo cual impulsó una mayor extensión y desarrollo de las relaciones humanas. Y entonces comenzó la ideación en torno a una sociedad fortalecida en un marco espacial y jurídico que optimice todo ese conglomerado de manifestaciones de la producción material y del intercambio de información, dando como resultado el surgimiento de la “polis” griega. Mediante los procesos de sinecismo ( unión de distintos “Oikos” en una administración común con unas instituciones propias y bajo la advocación de un culto o héroe determinado) tradiciones y tribus diversas pudieron convivir en una estructura política que las integraba conservando sus esencias a la vez que trascendía el estado anterior de la vida en sociedad. Partiendo de una distinción formal entre campo y ciudad pudieron emerger los mecanismos ideológicos e institucionales que articulasen una unidad política destinada a representar las distintas potencias del mundo griego, siendo la ciudad-estado un recinto de defensa frente a los peligros del exterior que permitía perpetuar a las sociedades paganas sin renunciar a la evolución de la estructura comercial. Por ende, se comenta la importancia de los contactos mercantiles con la sociedad de los fenicios como un factor clave en el nacimiento de la “polis”. Otra explicación, de índole histórico-geográfica, nos advierte de la localización de algunas de las primeras “polis” griegas en los asentamientos donde anteriormente se habían levantado las ciudades del mundo micénico, con lo cual cabe señalar una posible pervivencia de ciertos hábitats. La pérdida de la autarquía (por la aparición de nuevas necesidades) y la consecuente necesidad de aunar esfuerzos en agricultura y en los medios que proporcionaba el suelo y, en fin, la búsqueda de una defensa común más eficaz. Pronto, los ciudadanos que formaban el Demos se convirtieron en ciudadanos de pleno derecho, el “Basileis” perdió atribuciones cívicas y su papel fue reducido a funciones de tipo religioso mientras que la clase aristocrática distribuyó funciones entre sus miembros, dando origen a las magistraturas, el consejo de ancianos y la asamblea popular.

lunes 8 de junio de 2009

Cretenses y micénicos




El mundo antiguo es el tiempo de las élites. La historiografía - por causa de un legado arqueológico circunscrito al ajuar y el monumento suntuoso - atiende ante todo a las huellas dejadas por aquellos gobernantes guerreros a medio camino entre el mito y la realidad. Creta y Micenas son las coordenadas espaciotemporales que nos remiten al punto inicial de un proyecto y una fuerza de la historia que parece seguir unas pautas identificables en cada milenio. Pero sobre esto hablaremos más adelante.

Como suele ocurrir, la civilización minoica nos ha llegado en una imagen idílica de suelo fértil que alterna con territorios áridos y escarpados - Creta es una isla de grandes contrastes geológicos - y unos pobladores que gozan de una vida pacífica, centrada en el laboreo de la tierra y el culto a la diosa de la fertilidad. No nos han llegado apenas vestigios de luchas sociales o guerras entre las distintas regiones. Sus palacios ensalzan el color y el gusto por la apertura hacia la luz del día y a los campos que los circundan. Vino, mujeres, ritos en las cumbres de las montañas y tauromaquia conforman el esquema de la vitalidad de aquellas gentes. Parece que la historia de Creta sigue un curso discontinuo, con recurrentes auges civilizadores después de cataclismos sociales o naturales - sobre esto hay una gran discusión entre los investigadores - que indica que, a pesar de no contar con signos claros de guerras o invasiones de pueblos foráneos, el flujo económico y social estaba sometido a una gran inestabilidad. Tradicionalmente, dividimos la historia de creta en tres fases: 1) período Prepalacial ( 3.000 - 1.900 a.c), edad del bronce en la cual la isla cobró gran importancia comercial por su situación en el mediterráneo, y de la que nos han llegado evidencias de sus contactos con las Cícladas, Chipre, Sicilia, Siria y Egipto, recibiendo influencias de las diversas culturas. 2) período Palacial, en el cual emerge un gran desarrollo demográfico y aparecen modificaciones en las hábitats. Cnoso, Malia, Festo son los enclaves que ejemplifican el esplendor de esta fase hasta que se produce una destrucción por causas naturales, posibles invasiones de asiáticos o revoluciones internas debido a sequías o movimientos sísmicos. Tras un nuevo auge y su consiguiente debacle, llegamos al apogeo de la civilización minoica en el llamado período Neopalacial. Aquel micromundo que nos llega imbuído de leyenda manifiesta la importancia de la alternancia entre épocas de florecimiento separadas por grandes cataclismos que destruyen la belleza de sus palacios para ser reconstruidos con mayor perfección arquitectónica y una expresión plástica de mayor riqueza, especialmente en la decoración mural. Edificios de grandes dimensiones que se alzan en torno a un patio central y numerosas dependencias. Son los palacios que atesoraban el control económico, religioso y social, pero nada sabemos sobre sus reyes o príncipes. Descendiendo en la jerarquía, encontramos pequeñas mansiones imitativas de la arquitectura palacial (con estancias para almacenamiento de grano, archivo y santuario) habitadas supuestamente por altos funcionarios vinculados a la administración. La escritura sobre tablillas de arcilla nos proporciona información sobre la economía de los palacios. Campos de cultivo propiedad del palacio y campesinos que cumplen su servicio ante las élites. Cría de carneros, cerdos, cabras, animales domésticos y de tiro. Grandes tinajas (las bellas pithoi) para almacenar aceite, vino y cereal. Talleres artesanos de manufactura. Pero cabe destacar la actividad mercantil en un mundo de horizontes que delimitan el vasto mar en cualquier dirección. Creta se expandió mediante la talasocracia que inspiró a Homero, y estableció el movimiento que milenios después imitarían griegos y romanos siguiendo el ritmo marcado por las importaciones y las exportaciones de riquezas. Tal vez puede hablarse de un mundo mediterráneo que constituye una civilización específica global en aquellos tiempos. Para un europeo, todo comenzó en Creta. El caso es que esta civilización, ignota pero cercana a nosotros por los destellos de su arquitectura y folclore, entró en decadencia a mediados del segundo milenio, seguramente absorbida y asimilada por nuevas corrientes civilizatorias que llegaban desde el norte, tras un desastre natural provocado - según la tradición académica - por la erupción del volcán de la isla de Thera. Del mundo micénico tenemos escasos indicios en relación a la trascendencia de su empresa económica y geopolítica, verdadero prólogo a la historia de la Hélade. Carecemos de escritos legislativos, literarios o religiosos que nos proporcionen los signos ideológicos que expliquen su fervor viajero y su persistencia en la producción. Las tablillas de arcilla en escritura epigráfica denominada “Lineal B”, sí aportan información sustancial sobre la administración de los palacios, las tareas de los escribas, la economía y el comercio. Una civilización que se extendió principalmente por Grecia meridional y central, Creta, Rodas y Chipre, e identificamos tradicionalmente su origen en los constructores de las “tumbas de fosa vertical” que evolucionaron hacia las “tholoi”, monumentos funerarios cuya estructura se organiza en tres elementos básicos: el “Dromos”, sendero inclinado que conducía desde el nivel natural de la superficie a la puerta del monumento. El “Stormion”, una entrada profunda que conduce al interior de la cámara, construida con grandes bloques de piedra. Y la “cámara”, el interior de la tumba, en forma de colmena con bloques de sillar. Semejantes a un pasadizo ritual que guardaba el recuerdo de los grandes señores. Probablemente, esta nueva corriente civilizadora que se asentó en Creta procedía de regiones orientales y fecundaron sobre el ya valioso sustrato cultural de los asentamientos anteriores y herederos de la sociedad miniana. Introdujeron el carro de guerra, nuevas técnicas metalúrgicas y el uso de la espada larga. El legado cretense se enriqueció con nuevas aportaciones de viajeros - linajes indoeuropeos - representados en forma de leyendas, héroes de origen divino relacionados con Oriente, Asia menor y Egipto. Entre los años 1.500 a 1.400 se desarrolla el apogeo de esta civilización, cultivando el germen de su talasocracia (serán la primera “koiné” comercial y política) en el mar Egeo, y la llamamos Micénica por ser Micenas - ciudad fundada por unos pueblos balcánicos que englobamos bajo el término "aqueos" - el asentamiento que mayor número de hallazgos arqueológicos nos ha proporcionado, pero no hay indicios de hegemonía política.

Frente a la paz y seguridad que expresaban los cálidos palacios de Creta, los micénicos construyeron murallas colosales con piedras ciclópeas de hasta seis metros de espesor con la finalidad de proteger a los príncipes-reyes y a los súbditos que habitaban en el palacio-fortaleza (el centro económico y político), el cual solía estar ubicado sobre una colina que abría el espacio a la vigilancia de temibles invasores o cuadrillas de rapiña y expolio. El “mégaron” era el núcleo o sala grande del palacio donde los gobernantes tomaban la luz de una abertura al exterior y recibían las peticiones de sus funcionarios y feligreses. La fortaleza tenía entradas estratégicas, y una de ellas es la conocida puerta de los leones de Micenas. Acueductos, canales, cisternas, tubos de terracota, sistemas de diques y zanjas para el abastecimiento de agua que servirán de modelo a la ingeniería de época clásica. Cabe imaginar que alrededor de la fortaleza se agrupaban varios poblados dependientes y/o vasallos de los grandes señores. La Historia de estas antigüedades, recordemos, es el poder de una élite en una sociedad estratificada que se diluye ante la preeminencia de las grandes dinastías de reyes y guerreros. El “Wanax” es el monarca micénico, quien concentraba la función religiosa (ordenar el calendario, fijar sacrificios, oblaciones, tasas de ofrenda, presidir las celebraciones y las fiestas en honor a las divinidades), la función militar (dirigir al pueblo en armas), la función administrativa (control y gestión a través de los funcionarios y escribas de la vida económica y social, de ahí que se le considere un régimen marcadamente burocrático). Así pues, desde discretos rincones de palacio y reuniones con los altos cargos, todo el control social emanaba de un vórtice semejante a una mixtura entre burocracia y feudalismo. Y de ello se deriva la estructura social, como un ramaje subordinado al tronco principal de la cúspide del poder. Un monopolio a todos los niveles. Los “basileus”, figura de un maestro de ceremonias religiosas con un séquito a su servicio. O tal vez jefe o capataz de un oficio (arquitecto o constructor, tal vez). Los “lawagetas”, poseedores de lotes de tierra, gran señor del populacho en un escalón por debajo del Wanax. Los “telestas”, también relacionados con la posesión de tierras, aunque su cometido es ambiguo. Tal vez una ocupación más que un “status social”. Los “eqetas”, nobles emparentados con el monarca. En las clases inferiores destaca el “damos”, colectividad libre que habitaba en distritos con órganos propios para su administración, relacionados con la posesión y parcelación de terrenos para el usufructo o la alimentación del ganado. Por último, los esclavos, teniendo en cuenta que la dicotomía libre-esclavo todavía no existía como sí lo hará en el mundo clásico, vinculados a oficios concretos, por lo general mujeres y niños reclutados como prisioneros, en botínes de pillaje, comprados o nacidos en tal condición, propiedad de palacio, de un particular o al servicio de un templo o divinidad. Un conglomerado de vasallajes que culminaba en la representación del Wanax, el espíritu del poder, el honor, la guerra y la consecuente expansión por los mares que circundan el Egeo. La talasocracia micénica vertebró el mediterráneo oriental y occidental y estableció el perfil de la ruta que siglos después seguirán los aventureros griegos (recordemos que el panteón griego tiene su origen en los héroes-dioses de los micénicos, a su vez heredados de la tradición minoica), y después vendrá Roma, y después las luchas comerciales y espirituales entre el occidente cristianizado y el oriente islámico. Hay evidencias de presencia micénica en Siria-palestina, Chipre, mesopotamia, el reino hitita en el centro de Anatolia, Egipto, Península Ibérica, y Europa central. La introducción del hierro en la metalurgia, transformaciones cerámicas y signos de decadencia palacial marcan el fin del Bronce y la entrada en la Edad del Hierro. La civilización micénica sucumbe ante cambios climáticos y víctima de los cataclismos sociales por el probable efecto dominó inducido por la denominada "invasión de los pueblos del mar”, consecuencia o precedente de la caída de los grandes imperios orientales. Desaparece la escritura, se derrumba el sistema mercantil, la burocracia y la administración de palacio, entrando en los siglos oscuros, hasta el próximo resurgir de los guerreros.

El viaje y la guerra auspiciada por las élites, el espíritu emprendedor de éstas, han hecho posible un mundo tal y como se ha desarrollado hasta nuestros días. Las clases medias de hoy valoran la seguridad y el sedentarismo, atributos de la vida ciudadana actual cuyos orígenes están en la inquietud por conocer y poseer territorios o culturas lejanas, la cual permanece en la mente de la élite que vive en cualquier tiempo, signo de la necesidad perfectibilista de trascender desde y sobre un marco geopolítico y mercantil. La expansión geográfica permite una mayor acumulación de riquezas que serán redistribuidas y se convierten en activos que estimulan el mercado y la producción de bienes diversos. Se ha escrito que la historia de la filosofía es una nota a pie de página desde Platón. La Historia humana tal vez sea una repetición expansiva de aquella empresa llevada a cabo por cretenses y micénicos, con sus consecuencias que emanan partiendo del poder elitista y se extienden hacia los escalones inferiores del tejido social, en cada expresión colectiva e individual, las cuales vienen a ser, en última instancia, eventos fortuitos pero sancionados o subordinados al poder central. El globalismo actual nos advierte de que entramos en la culminación de los Tiempos que nos ha tocado vivir como seres habitantes de este planeta.

viernes 5 de junio de 2009

Nosotros no podemos esperar

Nos situamos en la edad media. Allí, el gnosticismo supuso un esquema cosmogónico vulnerable a la necesidad humana de autoafirmarse frente a una comprensión ambigua del entramado cósmico, semejante a un juego aleatorio de sensaciones inducidas desde el abismo. Aquellas doctrinas esotéricas motivaron una ansiedad de la que surgió el tronco seminal de la filosofía moderna. El mundo es el mal, creación demiúrgica. El “otro mundo” es el reino de las Ideas, lugar del que procede la chispa divina. La teología configura las Ideas mediante la exégesis antropocentrista que desvincula la espiritualidad del humán de su trabajo en el tiempo inmediato del mundo material. El alma busca su hogar primigenio en un intento de hallar la salida al mundo-prisión que la ha cegado y del que debe desconfiar. La ruptura con la filosofía antigua es sustancial y emerge seductora la escatología en torno al fin del mundo y la segunda venida de Cristo. El humán espera la llamada de Dios en su empeño trascendentalista, dando la espalda a la secuencia temporal de la naturaleza, la cual solo atiende a la contingencia de su constante muerte y recreación de ciclos. Los ciclos siguen su curso y nada concluye. En ausencia, pues, de parusía y juicio final, poco a poco vuelven las viejas preguntas sobre el origen y la finalidad del mundo porque la misma substancia oscila hacia el cielo o hacia la tierra según cada nueva edad. San Agustín, después de que Marción hubiera formulado la inexistencia del Demiurgo, volvió a imaginar el mundo en virtud de un trabajo dispuesto para el ser humano. Introduce la responsabilidad del humán respecto al mal en el mundo, lo cual supuso un paso liberador al afianzar nuestra responsabilidad en la Historia y sus acontecimientos. Esto, en el marco teocéntrico de su época, evocó el estigma del pecado por la culpabilidad del hombre. Si despojamos a la responsabilidad de cualquier sinergia cosmogónica (es decir, vincular nuestra acción en el mundo al delito de rebelión contra los dioses de la creación original, la cual selló nuestro destino bajo el objeto de la culpa de no ser lo que los dioses quieren que seamos, aquellos rasgos de su naturaleza que el humán quiere trascender para ser perfecto) ésta es una aceptación determinista que enraiza nuestra autoafirmación en los hechos presentes y en un porvenir abierto a nuestra labor. El concepto de culpa, al contrario, es una negación de nuestra oportunidad de realizar nuestro potencial determinada en el origen del cosmos, un pecado que es destino ineludible. La teología pudo, entonces, legitimar el trabajo mundano, pero - mediante el concepto de culpa - permaneció la condena y sujeción a un Dios y a un orden trascendente. Solo los movimientos liberales - siglos después - podrían deshacer el nudo con el que el teocentrismo medieval seguía amordazando a la conciencia del humán, ya que la variación epistemológica no es fuerza suficiente cuando se trata de abordar la estructura cosmogónica incrustada en nuestra psique.

La investigación, a todos los niveles, centra el esfuerzo en la ideación para un mundo sólido según las aspiraciones del ser humano. Se busca la coherencia que clarifique la relación entre el humán y el mundo. Y comienza la presteza y la ansiedad por hallar elementos conclusivos. Por ejemplo, el principio de economía indicado en la navaja de Ockam es un instrumento que clarifica esa nueva disposición epistemológica del ser humano ante la realidad inmanente de la física. La ciencia física es el nuevo portal en el que desvelar el secreto de Dios en un proyecto afín a la nueva responsabilidad. El hombre quiere leer el libro de la naturaleza condicionado por el sueño de trascender, utilizando una visera conforme al proyecto anhelado. Este principio de economía le ayuda a concretar su ámbito de actuación al precio -probablemente - de reducir el cosmos y, en consecuencia, su potencial. Lutero, desde la teología, propone reducir el orden teocrático (alianza entre Dios y el hombre, conocimiento por revelación unívoca) a una producción del sujeto cognoscente. Se pretende negar la trascendencia para poder volver a ella partiendo de una razón ilustrada. Prescindiendo de la tutela de una revelación omnímoda, se abre un camino de producción libre de dogmas que traza su propio sentido teleológico. Pudieron negar a Dios porque podían volver a encontrar un motivo de trascendencia en el orden natural, o en la proyección de una nueva razón que precisaba el sentido de lo sagrado secular.

En principio, el sacramento de la revelación imponía un movimiento de conciencia lastrado por su unidireccionalidad, en un zarpazo de absolutismo teológico. La aparición de la Ciencia fue una respuesta no menos violenta, y también reaccionaria ante la demora de la autoafirmación del humán que la sumisión a dicho absolutismo producía. La dogmática convertía certezas parciales en un lento avance en el camino. Virar el método y la fe hacia la materia abría la posibilidad de acelerar la Historia. El mundo esta inacabado, es decir, la naturaleza no colma el impulso perfectibilista hacia un punto indefinido que queda en mera ilusión de trascender. El telos, por tanto, es una ley inmanente de la razón que proyectamos en la naturaleza, según palabras precisas y adecuadas de Hans Blumemberg. La nueva fe en el mundo material nos permite operar con resultados tangibles y medibles que ejemplifican el poder sobre la naturaleza, autoafirmación que sigue un cauce abierto al misterio, la innovación, lo impredecible. La tecnología nos hizo aprendices de dioses. Efectivamente, la técnica es el resultado de la impaciencia humana ante la naturaleza. Charles Darwin evidencia con su Teoría de la Evolución la persistencia del antropocentrismo en ese curso de progreso indefinido que sueña con romper los límites. La evidencia de que la naturaleza utilizó miles de años y generaciones hasta dar con el humán, motivó una mayor angustia ante una secuencia aterradora que no deja lugar al telos. De repente, el naturalismo ofrecía un vector similar a la aprehensión unidireccional del absolutismo teológico. El rechazo que sufrió en su día la teoría evolutiva de Darwin no fue únicamente una cuestión relacionada con el clero y sus preceptos tradicionales. Teístas y cientificistas padecieron la inesperada contrariedad. En la actualidad, algunos cientificistas se refugian en el creacionismo como complemento que alivia la falta de respuestas clarificadoras respecto a las profundidades del mundo en una metodología siempre a la espera de nuevos hallazgos que completen el puzzle según conveniencia de ciertas mentalidades, codeándose con los ultraconservadores cristianos . Y los creyentes - inclusive la autoridad vaticana - empiezan a aceptar la teoría de la Evolución, lo cual les permite abrazar a la ciencia como un signo justificador de su esquema dogmático de cara a la galería, al tiempo que pretende, integrando postulados, presentar su cosmovión como si se tratase de la cosmovisión completa y definitiva, pues hay que aceptar a la naturaleza como un vástago de Dios que sigue sus propias microleyes (o sea, esclava e ilusión de nuestros deseos). El espejismo de Dios y el espejismo del Mundo. En origen, nadie quiso aceptar aquel sometimiento a la naturaleza que se deriva de la mecánica evolucionista presentada por Darwin. Para presentar batalla, el siglo XIX utilizó la tecnificación con furia a modo de respuesta desde la más elemental de las energías. Producir bienes de ostentación y afirmación social, inventar mecanismos más rápidos y eficientes de lo que el mundo natural esta dispuesto a ofrecer. Llegó la revolución industrial para crear el espacio socio-técnico con el objetivo de la autoafirmación que nos negaba la naturaleza. Los románticos enfrentaron su creación a la de aquellos tecnócratas con el pulso del idealismo estético que afirmaba la subjetividad como auténtica superación y autoconciencia existentes más allá de la naturaleza, pues la tecnología ya empezaba a cobrar la fuerza y la forma de una Gran Maquinaria que impondría sus preceptos a todo el orden social a no ser que el espíritu humano alzase su voz disconforme. En cualquier facción subyace el mismo grito de rebeldía. La materialidad del mundo revelaba cada vez más su infinitud e inmensidad, frente a las que el tiempo humano no encuentra su adecuada cronología y cosmogonía, y así lo expresó F. Galiani: Nosotros somos demasiado pequeños, ante ella no son nada ni el tiempo ni el espacio ni el movimiento. Y concluye de forma dramática y arrebatadora: pero nosotros no podemos esperar.

... Nosotros no podemos esperar... palabras que suenan como un eco inmemorial de la tragedia de nuestra especie, atraviesan todos los ciclos de la humanidad, desde el primer "homo sapiens" hasta hoy, dejando al descubierto una herida sangrante.


*Base bibliográfica: Die Legitimität der Neuzeit (La legitimación de la edad moderna), Hans Blumenberg. Ed: Pre-textos.

domingo 31 de mayo de 2009

Sospechar y volver sobre mis pasos



Ha llegado el momento de trasladar a la Teoría de la Conspiración desde la periferia hasta el centro. En primer lugar, hay que distinguir los significados al trasluz de cómo es el mundo moderno y qué pautas ha seguido en su desarrollo a partir del siglo XVI y su presente, del que nosotros somos testigos afectados por la incredulidad. La incredulidad es un consecuente de la educación y de la imagen que en torno al sistema hemos recibido desde la infancia. Dicha imagen consiste en esto: el mundo actual, es un mundo libre y democrático regido por intereses espontáneos, necesidades y mercados en el que todos podemos participar. La información también es de todos, por lo tanto no puede haber mucho más de lo que nos cuentan. Veámos, para empezar, en qué consiste mi definición de esta corriente de la Historia y sobre la que ya he disertado en anteriores escritos. Se trata de una energía de la Historia a la que he denominado con el término Perfectibilismo. Esta energía comenzó con el arte y la religión, en un momento de fuga del paraíso, cuando el humán levantó su mirada hacia las estrellas por primera vez y su conciencia le dijo: ¿Es esto todo lo que puedes llegar a ser?. Ésta es una conspiración inconsciente, abstracta, implícita en la deriva natural de la civilización, la cual engloba a la mayor parte de los individuos que la forman. No hay nada ( o casi nada) oculto ni secreto, al menos desde la irrupción del cristianismo, germen resolutivo de nuestra modernidad al producirse un fenómeno sincrético entre éste y el mundo clásico. Pero hay otra vertiente de la conspiración y es la que todos conocemos por su carácter supuestamente ahistórico y sensacionalista. Es la que nos llega desde la periferia como una actualización de la idea de predestinación en la grecia arcaica (y en otras civilizaciones de la antiguedad), la cual entendía a la humanidad como un tablero de ajedrez al servicio del capricho de los dioses olímpicos. Se trata de una conspiración explícita, concreta, inspirada y alentada en la consciencia de unos pocos elegidos que van trazando su plan en secreto, y el común de los mortales son simples marionetas que permanecen ignorantes a los movimientos profundos de la Historia Global. Es decir, un planeta entero sometido al control de un puñado de seres elitistas. El ansia perfectibilista también cabe en la comprensión de esta vertiente subterránea, pero en este caso solo como ingrediente especulativo. Lógicamente, la idea es tan espectacular y siniestra que cualquier postura razonable no podrá aceptarla y deberá someterla a un análisis sociológico. Las leyendas urbanas son un cauce útil si queremos aproximarnos a la comprensión del colectivo humano. Sin embargo, el signo de nuestro tiempo nos obliga a mirar de otro modo. Esto requiere un análisis más pormenorizado y lo dejo para otro momento, pero debo decir que estamos en una época conclusiva, como otras épocas conclusivas que han existido en siglos anteriores. Me refiero a que estamos en un tiempo presente que colinda con la ciencia-ficción antropológica, en concreto con la eclosión tecnológica que llega a un máximo objetable de expansión y desarrollo del potencial humano, plenitud de las consignas culturales avanzadas en el campo técnico. Después de las dos revoluciones industriales, de dos guerras planetarias, y de la reestructuración social resultante, estamos a unos pocos pasos de ver acontecimientos que ahora parecen increíbles. La idea de criptocracia (término acuñado por Pauwels y Bergier en Le matin des magiciens ) encuentra su perfecta coherencia en la eclosión tecnológica. El fin de los tiempos puede ser la realización de sueños arcanos mediante la técnica. Sueños, ideales, Dioses en la tierra...Fijémonos en este fragmento del libro La legitimación de la edad moderna, de Blumenberg:

El peligro de esta idea hiperbólica del progreso (progreso ilimitado) es la necesaria decepción que tendrá que experimentar cada individuo en el contexto de la historia general , al verse obligado a aportar su trabajo en aras de un futuro del cual él ya no podrá disfrutar. Pese a todo, la idea de progreso ilimitado cumple también una función protectora para los individuos y generaciones que aparezcan en la historia. Pues si hubiera un fin definitivo inmanente a la historia, aquellos que creen saberlo y pretenden alcanzarlo se considerarían legitimados a utilizar a todos los otros ,que ni lo saben ni lo pueden realizar, como meros instrumentos.

El fragmento ejemplifica la integración de las dos vertientes, la efectivamente perfectibilista e implícita (progreso ilimitado como transposición secular del mundo trascendente) y la esotérica-especulativa referida al grupo minoritario de privilegiados que maneja sin escrúpulos a la mayoría ( iluminados que perpetúan el sueño mediante un legado secreto que es depositado generación tras generación. ¿La idea de un progreso ilimitado es tan poderosa que puede sostener una conspiración durante siglos? ). La Verdad quizá esté en la intersección clave dada entre estos movimientos iluministas. La milenaria corriente abstracta del perfectibilismo tal vez se hizo concreta en estos grupos clandestinos que -durante los siglos XVII y XVIII -trabajaron para descubrir los secretos de la naturaleza. Son, efectivamente, humanos que desafían a Dios. El tablero de ajedrez arcaico era la épica imaginada de un potencial que esta esperando a el nuevo orden de los siglos para su realización. La mente humana nunca hubiera creado el mito de la comunicación a distancia si fuera incapaz de inventar el teléfono. Los viajes espaciales existen porque hubo profetas y místicos que ensoñaron vuelos siderales. Nunca habríamos creado dioses sin aspirar eficientemente a parecernos a ellos. En verdad parece que en esta planeta se esta llevando a cabo un plan desde hace siglos. Ahora bien, si observáramos el comportamiento y evolución de distintas bandadas de pájaros pertenecientes a una misma especie veríamos que sus comportamientos (sistema de alimentación, hibernación, migraciones, forma y sentido de sus vuelos) son bastante similares y predecibles generación tras generación. El desarrollo de la vida animal sigue el patrón básico desde un plan biológico (genoma) que interactúa con las variables ambientales. No hay nada de particular ni extraordinario. Si estos pájaros, un día de repente, empezaran a soñar con ser algo más que pájaros, dicho plan superaría los patrones hereditarios (es decir, trascendería la contingencia y el instinto) y cobraría una dimensión siniestra. Ya no sería un plan implícito en el orden natural de las cosas. El ser humano, dotado de conciencia histórica y del sentimiento de autoafirmación, puede llevar sus aptitudes y su inteligencia a rincones inesperados y peligrosos. Sobre todo si dicho plan es pactado con letras de oro, representado con marcas de fuego y auspiciado mediante secretos velados en salones de lujo, correspondencia, símbolos esotéricos y sacralidad.

sábado 30 de mayo de 2009

Una inquietud para empezar de nuevo (¿Conspiranoia o Conspiración?)

La inquietud indefinida que me inspiró a comenzar la escritura de este cuaderno tiene una raigambre social y del momento. No soy agorero, tan solo he fijado mi atención en un paisaje arrebatador. Hay que situarse en el ángulo óptimo y decidir cómo actuar ante lo que se avecina. ¿Qué papel quieres jugar en un mundo que te obliga a elegir con el inevitable sacrificio que ello supone?. Si no lo está haciendo todavía, espera al momento en que no puedas escapar a la encrucijada. En épocas de crisis, es lógico que las conspiraciones estén a la orden del día. Nuestro patrón psicológico necesita configurar causas, efectos, identificar culpables, marchar hacia la revolución. La vena sensacionalista que lo comprime todo es evidente. Pero, en verdad, la cuestión esta en boca de mucha gente, y veo en la red internauta un panorama atosigador, por mucho que yo quiera afianzarme en la convicción de que cierta forma de Gran Conspiración no es otra cosa que una leyenda urbana, contrariamente a la Gran Conspiración (teorética, energética y abstracta) que yo respaldo desde la tesis central que motiva mi trabajo en este cuaderno. La cuestión planteada es ésta: ¿existe un conglomerado de sociedades secretas o grupos ocultos que rigen el destino del mundo desde la sombra?. A modo de síntesis, una respuesta afirmativa supone simplificar y/o sesgar la dinámica histórica de facto, una teorización que plantea más problemas de los que resuelve. De todas formas, la investigación esta en marcha. De momento considero que la corriente conspiranoica es buen material periférico (el mejor underground) para escribir ensayos o novelas de ciencia-ficción. Y, como dije al inicio, para explorar o rastrear la esfera social que busca respuestas ante las turbulencias del tiempo inmediato. Si lo que nos interesa es la historiografía y el rigor, debemos saber que los voceros de la conspiranoia sirven al sensacionalismo, simple y llanamente. Escritores alucinados, títeres de no se sabe quién (atención al esperpéntico caso de Rafael Palacios y su revista Jaque Mate) plagiadores, paranoicos, soñadores que se dejan llevar por una cierta fascinación por el mal. Internet es una verdadera casa de locos en relación a esto. Llevo meses investigando fuentes y escritores sobre el tema con la finalidad de encontrar algo decente. Se preguntará el hipotético lector: ¿ pero es que acaso hay gente cabal, formada y equilibrada que respalde la teoría de la Gran Conspiración?. Imposible asegurar una respuesta positiva, pero sí, parece que la hay. Y, además, individuos que dicen tener información de primera mano. Individuos que escriben en su blog sin ánimo de lucro y con una sesuda intención de advertir y despertar a la sociedad ante lo que está pasando en el mundo. El texto que reproduzco a continuación fue publicado el 29 de mayo del año 2008 (pueden encontrarlo en esta dirección: http://iberaldea.es/blog/?p=69 ). Es valioso por su clara disertación sobre cómo opera el poder económico mundial, porque también clarifica en parte la actual crisis económica y por su cumplida predicción de esos primeros estallidos de la crisis que sucedieron en agosto y septiembre de ese mismo año. Ello enciende la sospecha sobre la veracidad de los supuestos confidentes y la información a la que accedió el autor respecto a una nueva gran guerra cuyos contendientes son escurridizos pero que claramente dejan al ciudadano medio y a la cada vez más mermada clase media en el ojo del huracán. Cójanlo con pinzas y léanlo con inquietud y terror, concretamente al llegar a los últimos párrafos:



Es el tema que está en la boca de todos: CRISIS ECONOMICA. En las calles, en el trabajo, en los bares y cafeterías se comenta lo caro que se ha puesto todo, lo que nos cuesta llegar a fin de mes, el paro que no cesa de aumentar, que las ventas de viviendas han caído en picado, que ya no se venden coches, que la gasolina y el gasoil se están poniendo por las nubes. Y es que estamos viviendo una desaceleración económica, algo así como un frenazo al alegre ir y venir del dinero. Y cuando se pisa el freno en economía inmediatamente salen de sus escondites los fantasmas del paro, del encarecimiento de los productos de primera necesidad, la congelación de salarios y las bancarrota.

Las crisis económicas o épocas de recesión son muy normales en el sistema capitalista, de hecho forman parte de ese sistema. Sin recesión no hay expansión; expansión y recesión han de sucederse como lo hace el sístole y el diástole de un corazón para mantenerlo con vida. Si echamos la mirada a un pasado no muy lejano y enumeramos los procesos de recesión económica que hemos tenido la desgracia de vivir, observaremos que estas han sido al menos cuatro en los últimos 30 años. Conocidas son las del 76-79 y la del 83-86, después de estas dos que para nosotros fueron especialmente pronunciadas ya que pasábamos de un sistema de gobierno dictatorial a una monarquía parlamentaria, vinieron otras que no lo fueron tanto, en el 90 comenzó otro proceso recesivo suave que apenas duró dos años y después, a mediados de los 97-98 otro que tampoco duró excesivamente ni fue pronunciado. Parecía que a comienzos del milenio se nos echaba encima una gran recesión mundial pero, tras los conocidos sucesos del 11S en New York comenzó una era de crecimiento que desde EEUU se contagió a todo el Primer Mundo (Esclavonia, es decir: el tercer Mundo, siempre estuvo fuera de estos ciclos). Desde el 2001 hasta mediados del 2007 hemos tenido un ciclo de expansión largo (normalmente los ciclos de expansión raramente superan los cuatro años).

Todo el mundo se ha sentido muy eufórico en estos años, gastando y contrayendo numerosas deudas para adquirir bienes de consumo, especialmente viviendas. Las constructoras no han parado de construir y la gente en comprar más y más casas. Desde el principio del boom inmobiliario (año 2003) se observó cuan productivo era comprar un piso para revenderlo un año o dos después. Las ganancias eran superiores a las que se generaban jugando a bolsa. El negocio era tan rentable que, a finales del 2005 se estimaba que cerca de 600.000 personas se estaban dedicando a la compra-venta de viviendas. Simplemente se estaba especulando con la vivienda y como el precio subía de día en día, la gente se lanzó a adquirir lo antes posible para comprar al precio del momento temiendo que meses después esa misma vivienda de sus sueños valdría decenas de miles de euros más como acababa sucediendo. Todo esto estaba sucediendo de una forma planificada en otras naciones, como los EEUU, Inglaterra, Irlanda, Italia, etc. Los grandes inversores habían encontrado un filón de oro y lo estaban explotando sin miramientos. En toda esta espiral especulativa no debemos olvidar el motor que la impulsa: los bancos, cajas y entidades financieras. Para producir esta aberrante locura que ha alimentado la más brutal de las especulaciones se ha hecho necesario dar hipotecas casi a cualquiera que las pidiera y que diera unas mínimas garantías. Por supuesto la especulación es una práctica permitida por todos los gobiernos que se han vendido a las grandes oligarquías del dinero. Ellos ya se encargaron previamente de controlar a los políticos y que estos después han aprobado toda clase de leyes que han permitido estos desmanes económicos. Con leyes que prohiban la usura y la especulación, por ejemplo, esto no hubiera ocurrido en absoluto. Sin embargo, promulgar leyes de este tipo van en contra del libre comercio internacional ¿te has preguntado porqué? Para vender viviendas en esta orgía de compras desenfrenadas se ha acabado construyendo más de lo que el mercado realmente necesita. Hoy se sabe que son cerca de un millón de viviendas las que sobran en este país. El resultado de todo ello es que, acabado el pantagruélico festín especulativo de la construcción, quedan los restos del banquete, cientas de miles de viviendas que no podrán ser vendidas por que no encuentran comprador. Y no se compran por que se han puesto a precios increíbles para el que realmente las quiere para vivir (no especular) y porque la banca no las va a financiar a no ser que se presenten toda clase de garantías. Esto tiene que dejar claro a todo el mundo que el boom inmobiliario era una cuestión especulativa que apenas tenía que ver con las necesidades reales de la población.
En los últimos cinco años he hablado mucho de economía, me han invitado incluso a hacerlo en un Congreso y en todo este tiempo he aprendido muchas cosas. Quizás la más importante para mí fue descubrir el completo desconocimiento que la mayoría de las personas tienen sobre Economía. Ante semejante incultura es muy fácil que surjan toda clase de delincuentes que se han aprovechado de nosotros. Eso es lo que ha ocurrido sobre todo en los últimos cinco siglos. En el otro lado están los “doctorados” en económicas, muchos de ellos auténticos ignorantes ilustrados. Con esta especie he tenido que lidiar en algunas ocasiones aunque ahora simplemente los ignoro, tal y como ellos hacen conmigo y con casi todos los mortales. Claro, viéndonos desde el Olimpo Académico en el que habitan les debemos parecer poco menos que insectos que a veces molestamos tanto que nos fumigarían con veneno ¡Cuanta prepotencia la de algunos de estos “dioses del intelecto”!. Ahí siguen, asesorando a bancos y cajas, a grandes y pequeñas empresas, a particulares que invierten en bolsa. Conocen bien como funciona el juego, de eso no me cabe duda, y también han aprendido a callar cuando deben y a actuar con toda la hipocresía que les caracteriza repitiendo ante el populacho la misma retahíla de siempre. Debería enseñarse economía a todos los niños desde temprana edad, pero no esta economía caínita que se practica ahora, sino la verdadera economía. Entonces sería posible comenzar a plantar cara a estos desaprensivos parásitos y depredadores del prójimo.
Bien, si ellos no se atreven a decirlo, yo, que no tengo título ni cátedra que defender ni amo al que obedecer bajo pena de perder sueldo y privilegios, puedo hablar bien alto y afirmar que el sistema capitalista funciona impulsado por épocas de expansión económica y de recesión. Las épocas de expansión económica se producen gracias a que se inyecta dinero en el sistema y las de recesión aparecen cuando el dinero ya no es inyectado. Es así de simple. ¿Quién y cómo se inyecta dinero al sistema? Fácil, el dinero lo crean los bancos en el momento que nos conceden a cualquiera de nosotros un préstamo. ¿Quién y cómo se retira dinero del sistema? Pues los mismos personajes, dejan de dar préstamos y se dedican a recoger el dinero prestado más intereses. ¿Es tan sencillo? Si, es así de sencillo. Todo lo demás, es el gran escenario que a modo de laberinto sin solución se ha creado en torno de esta simple verdad. Este escenario es como un gran velo que se nos ha puesto a todos en los ojos.

Hace dos años (2006) dije a algunos amigos que comenzaba una nueva recesión. Intrigados porque estuviera tan seguro me interrogaron que porqué pensaba que se acercaba un período de recesión:
- es lógico - les dije - he escuchado que ya no dan hipotecas a cualquiera y eso sólo significa que se ha dado la orden de cerrar el grifo.
-Já!, eso no es motivo suficiente, seguramente no tenían los avales necesarios - me comentó uno de ellos, a lo que yo añadí - creeme, antes daban esas hipotecas casi a cualquiera y ahora ya no -. El tiempo ha acabado dándome la razón, y no soy adivino, sólo he utilizado la inteligencia y la experiencia acumulada a lo largo de la vida para llegar a esa conclusión. De todos modos, el sistema era insostenible, simplemente la gente ya no ganaba más de lo que tenía que pagar de hipoteca y, desde luego iba a necesitar el sueldo de su pareja para pagar el resto, es decir: las letras de los coches, la VISA, los préstamos personales, la comida de cada día, la ropa, y poco más. Observando esto era suficiente como para deducir que el juego especulativo estaba llegando a su techo. Es como ocurre ahora con el petróleo, la gente lo sigue pagando y la subida del mismo no ha sido para los europeos del euro tan importante como para otras naciones gracias a que nuestra moneda se ha apreciado con respecto al dólar en la misma proporción que ha subido el barril Brend. Sin embargo, se tocará techo a partir del cambio 1,62 $ por euro y entraremos en zona roja cuando alcance 1,69 $. Es pura matemática, después de ahí necesariamente la gasolina y el gasoil subirán de 20 en 20 céntimos hasta alcanzar 1,60 o más a finales de este año. Si el año pasado nos gastábamos una media de 100 € en ir al trabajo, ahora serán casi 180 €. Y, hay que tener en cuenta que el petróleo mueve esta sociedad y todo va a subir en una proporción nunca antes vista.
Pero esta recesión económica es de las que denomino RECESION DEPREDADORA (ha habido otras antes). Este tipo de recesiones que se producen invariablemente cuando el ciclo de expansión ha sido especialmente largo como es el caso de este (2001-2007). Llevados por la euforia de este prolongado ciclo de bonanza y de consumo, las empresas se lanzan a grandes aventuras y proyectos animadas por la concesión de créditos fáciles, olvidando la regla número uno del sistema capitalista. Cuando se produce el cierre del grifo, estas grandes empresas parecen tener unos sólidos cimientos, pero no es así. Lo que tienen es grandes deudas contraídas que están obligadas a pagar y con intereses. Y el grifo del dinero ha sido cerrado para casi todos, así que no se vende ni se hacen grandes negocios. Pronto tienen que declararse en bancarrota y es entonces cuando son presa fácil para los depredadores. Estos las compran a precio de saldo y absorben sus infraestructuras y bienes inmuebles, el verdadero valor tangible de las mismas, el fruto del duro trabajo de muchas personas. Los ciclos prolongados de expansión sirven para zamparse grandes conjuntos de empresas.

Es absurdo creer que estas CRISIS económicas son ocasionadas por cuestiones de mercado y producción. Son CRISIS financieras. ¿Qué es una crisis financiera? La que es provocada por el flujo del dinero en un conjunto social. Una crisis económica especialmente grave sería aquella que se manifiesta porque se han producido, por ejemplo, grandes catástrofes meteorológicas que han acabado con numerosas cosechas. Ello produciría escasez de alimentos y, por lo tanto el precio de los alimentos subiría en proporción a la demanda. Las crisis de dinero son también graves porque arruinan empresas y aumentan la desocupación, desaceleran el consumo y ocasionan presión fiscal (hay que pagar el subsidio a numerosos parados y hacer frente a numerosas quiebras).

¿Qué pasaría si unimos a una crisis financiera una crisis de suministros? Pues eso es lo que se está experimentando ahora. Nunca se ha producido más petróleo que en la actualidad. En solo siete años se ha doblado a nivel mundial la producción del preciado oro negro. Este año también se va a tener una producción global récord de trigo (más del 8%). La cosecha de arroz va a superar a la de años anteriores en un 2,3%. La FAO afirma que la producción de alimentos aumentará en el conjunto mundial en torno a un 3%. No obstante ¡Hay escasez de alimentos! y también ¡de petróleo!. ¿Qué está pasando?. Es sencillo… Como decía un conocido broker neoyorkino “hay que seguir la ruta del dinero”. El dinero que han ganado a mares los de siempre ha de dirigirse hacia algún bien que luego quieran poseer los borreguitos (ellos ya se encargarán de que los deseen con locura y paguen por ello lo que haga falta)… y los borreguitos necesitan gasolina para sus coches, para disfrutar de las muchas comodidades que tienen en sus casas y sobre todo, comida… Así que estos mal nacidos están comprando bienes de primera necesidad a meses vista, incluso a un año o más, para especular más adelante con ellos. Eso se llama preparar el siguiente ciclo expansivo (para ellos claro) en el cual, simplemente van a intentar ganar en este Gran Juego. ¡Lo quieren todo y lo quieren ya!. También saben que es cuestión de años que los borreguitos empiecen a despertar en masa y decidan lincharlos y acabar de una vez con esta locura que solo ha traído sufrimiento y dolor a miles de millones de personas.

Analicemos lo que está sucediendo: están comprando petróleo, comida (en especial cereales que pueden ser almacenados durante años), oro, cobre y otras materias de primera necesidad. ¿Porqué?… Pensad. Los pozos petrolíferos de todo el mundo están produciendo a pleno rendimiento y no obstante el precio del petróleo sube. La causa de esto está en que grandes corporaciones están comprando el preciado oro negro a un año y medio vista y pronto lo harán a dos años. Es decir la producción de hoy mismo ya fue vendida hace meses a alguien. Si quieres comprar petróleo mañana mismo porque lo necesitas ya no tendrás más remedio que recomprárselo a alguien que ya lo haya adquirido con anterioridad.

Corre un rumor por las altas esferas del poder, es un secreto que poco a poco se va filtrando y que algunos ya conocen a la perfección. Se rumorea que se acerca otra gran guerra. Pero ¿cómo? ¿quién nos va a atacar? ¿Bin Laden? ¿Los chinos? ¿los alienígenas?… No, las guerras ya no las hacen las naciones y sus gobiernos. Tampoco los terroristas. Las guerras son planeadas por la Gran hermandad de oligarcas que controlan el mundo y, creedme, la guerra es un gran negocio, de hecho es el negocio por excelencia. Lo fue en el pasado y lo es en la actualidad. El rumor apunta a que en agosto o septiembre comenzarán los primeros fuegos de artificio. Espero que solo sea un rumor, aunque los confidentes suelen estar bastante bien informados. Esto explicaría porqué están acaparando provisiones de petróleo, de alimentos y de materias primas, además de oro. ¡Qué lástima! el marioneta de Solbes, uno de esos economistas ilustrados de los que hablábamos líneas arriba, ha vendido buena parte de nuestras reservas de oro. Según él de nada nos servían y presionado por sus amos (la Hermandad) las ha puesto a la venta. Los lingotes dorados volaron de sus manos y en cuestión de horas el oro de la reserva nacional ha pasado a manos de especuladores.

Estemos atentos a lo que va a suceder en los próximos meses y años, no ya en el plano económico y social sino sobre todo con nuestras mentes y almas. Pues están poniendo en marcha desde hace años tecnologías de manipulación mental con el propósito de acabar con la poca voluntad que nos queda.


Pero no nos pongamos apocalípticos, no estamos solos y el mal no vencerá, al menos no eternamente. Todo esto nos ha animado, a mi esposa y a mí, a llevar adelante un pequeño huerto en lo que antes era jardín. Hemos plantado de todo, lechugas, pimientos verdes, rojos, de piquillo, girasoles, judías, berenjenas, tomates de rama y cherry, fresas, frambuesas, ajos, cebollas… Es una gran satisfacción y algo muy hermoso recoger estos frutos que has ayudado a crecer con tanto amor. Te los comes en un acto ritual, dándoles las gracias por entregar su energía para proseguir el ciclo de la vida en otro ser. Y pienso que esta es la verdadera ECONOMIA, la que nos ofrece la naturaleza fruto de nuestro esfuerzo y dedicación o la que surge del espíritu creativo del artesano y del artista, o la del sabio que instruye a sus semejantes… lo demás es un inmenso engaño y una transgresión de las leyes universales y humanas.



Y desde otro hilo de la misma fuente, una precisa descripción de dónde estamos ahora, siempre y cuando el autor de estos textos inquietantes sea alguien distinto a los habituales paranoicos, y entonces podemos detenernos durante una temporada a pensar qué camino vamos a elegir. Y, en fin, ¿vivimos realmente en El Gran Engaño?. ¿La Gran Conspiración es una energía de la Historia, inconsciente pero imparable?. ¿O es, realmente, algo inmediato, tangible, concreto y aterrador?:


...Esta sociedad es fruto de una Gran Conspiración y, hasta este axioma quiere ser vilipendiado y pervertido en su sentido. Tanto es así que, todo lo conspiratorio está de moda como si de una nueva mancia esotérica se tratase. Nuevamente vemos como la ley de crear el caos para después imponer el orden se aplica también en este caso. Miles de conspiraciones salen a la palestra con la finalidad de que la verdadera Conspiración acabe mezclada con temas que a la gente les crea aun más incredulidad y devalúan a los que de verdad trabajan por denunciar lo que está sucediendo. ¿Cómo vamos a presentar esto mezclado con marcianitos, con profecías que nunca se cumplen de Confederaciones galácticas y con otras historias que difícilmente la razón más abierta podrían sostener? Aviso importante para quienes se abonan a toda clase de conspiraciones: mucho de lo que se dice y afirma está ahí para engañarnos y muchos de los que las divulgan ganan buenas sumas de dinero por hacer su trabajo. Es cierto que existe una Gran Conspiración pero, el modo de contrarrestar la validez de los planteamientos de quienes las denuncian es llevando a cabo campañas de desinformación. Internet está plagado de desinformación. Cuando ciertos personajes comienzan a hablar de marcianitos y seres grises grotescos (me pregunto porqué los extraterrestres tienen que ser seres sombríos, maléficos y endiabladamente feos ¿acaso no los habrá bien guapos y apuestos?), de reptiles disfrazados de seres humanos y cosas por el estilo, nos encontramos con grotescos añadidos a una Conspiración que, de por sí, no necesita de estos adornos carnavalescos. Estamos denunciando una Conspiración cuyos objetivos son muy simples: tenernos dominados y controlados mientras ellos hacen lo que les viene en gana, incluso jugar a lo grotesco y a la infamia de desafiar a Dios. Son un reducido número de grandes psicópatas muy inteligentes – como lo son casi todos los psicópatas -, increíblemente informados, que siempre juegan con ventaja y que conocen muy bien las debilidades humanas. Cuando la Conspiración es adornada con elementos totalmente salidos de madre comienza el trabajo de la desinformación y esta hace más daño que bien a la causa que muchos de nosotros estamos llevando a cabo desde hace décadas. Observad como youtube está llenándose de imágenes falsas de avistamientos UFO, de cómo se nos presentan ex-illuminati diciéndonos cosas que ya sabemos y dando detalles que no revelan nada nuevo ni permiten meter en la cárcel a ningún implicado. Nadie, repito, nadie dentro de la Hermandad habla a no ser que se le ordene hacerlo. Si alguno denunciara algo sobre la Hermandad sería eliminado inmediatamente. Es una de sus reglas, así que no hagamos caso a semejante personajes.
Queremos tener una existencia digna y no lo que nos ha tocado vivir pero no hemos de olvidar que estamos en esta situación porque hemos decidido rendirnos e hincar las rodillas en el suelo. Es decir, no nos resistimos ante lo que está sucediendo y ello nos convierte en cómplices. Nos quejamos día tras día de las injusticias que acontecen en todo el mundo y denunciamos que la culpa la tienen los políticos, los ricos, los grandes trust empresariales, los poderes fácticos, las mafias, los corruptos, pero casi nunca nos señalamos a nosotros mismos. Es muy fácil criticar y denunciar y muy difícil decir ¡basta! Y organizarse y presentar batalla. No se trata de una mera protesta, de una manifestación, de un boicot organizado contra determinados estamentos de poder político o económico. Todo esto ya se ha hecho antes y no ha dado demasiados resultados. Necesitamos una acción contundente, organizada, una rebelión orquestada desde una plataforma que ha trabajado durante cierto tiempo preparándose para tal fin.

Adolecen de ingenuidad quienes piensan que manifestándose en masa y exigiendo pacíficamente conseguirán algo ante todo ese conjunto de sinvergüenzas que controlan nuestros destinos. Deberían saber previamente que ellos llevan mucho tiempo haciendo lo que hacen y, por tanto, saben muy bien como contrarrestar cualquier tipo de ataque contra sus intereses. Tienen métodos y soluciones para cualquier tipo de crisis que se les presente. Controlan los medios así que podrían minimizar el impacto de una manifestación de grandes dimensiones. Tienen capacidad para doblegar sutilmente el idealismo y las buenas causas que animaron a los cabecillas para conseguir llevar a cabo esta acción. Pueden, amablemente, reconducir sus aspiraciones de tal modo que al final parezcan justo lo contrario. Pueden comprar a quien quieran porque saben que todo ser humano tiene un precio. Les encanta comparar a los líderes que promueven revoluciones sociales. Para ellos es una gran satisfacción ver como cualquiera de ellos traiciona a los suyos y a la causa que defiende por unas cuantas monedas de oro. Y si no fuera así, utilizarían métodos coactivos más enérgicos. Buscarán los puntos débiles y atacarán sin compasión. Y si todo falla, los harán desaparecer mediante la muerte o el secuestro.
Nuestro enemigo es muy poderoso y se reiría de acciones de este tipo. Se necesita organizar algo clandestino, una gran nación dentro de la nación, una facción disidente de sus propios ciudadanos haciendo realidad un modo alternativo de sociedad. ¿Pero que tipo de sociedad será esa? En mi opinión se ha de desarrollar una sociedad paralela que no sea radicalmente diferente pero si que se diferencie en una serie de aspectos que son vitales y fundamentales para seguir adelante con esta alternativa. En primer lugar se trata de dejar claro una cuestión: la sociedad globalizada actualmente imperante no tiene otro destino que sucumbir y desaparecer. No hay nada en ella que merezca la pena salvar excepto a quienes han decidido abandonarla a su destino y comenzar a construir un flamante orden social. Cualquier iniciativa de cambio sustancial dentro del campo de la actual sociedad no sólo es un vano esfuerzo sino que, reforzará a la larga al sistema imperante. Vean el caso del movimiento ecologista, como ha sido absorbido por este y reconvertido en un instrumento más de explotación política y económica. Se habla de avances cuando se habla de la liberación de la mujer cuando se ha utilizado todo este movimiento para incluir a cientos de millones de esclavas a la cadena de producción de fábricas y negocios. Se ha fomentado las libertades sexuales después de siglos de opresión en este sentido para vulgarizar el sexo y fomentar ambigüedades en las relaciones parentales. El sexo es un arma formidable de control, quien sabe utilizarlo controla a las masas. Y así podemos proseguir analizando muchísimos aspectos de ese loado progreso y evolución del que tanto se jacta este Monstruoso Leviatán Social. Nuestra sociedad, eso ha de quedar claro, no está evolucionando sino que está cercana a su debacle. Y ese desmoronamiento anunciado, ese Apocalipsis profetizado a los cuatro vientos es la única esperanza que nos queda a los que aun mantenemos alguna fe en la humanidad. Sólo de un mundo en ruinas va a ser posible construir algo nuevo, algo que nace con nuevas raíces y nutrido por hombres libres de las ataduras que les han impuesto otros. Y mientras llega ese tiempo, nosotros, los que hemos despertado de entre los muertos en ese día del Juicio que antecede al Final de los finales, habremos creado una nación invisible que se manifestará ante todo como una alternativa de vida futura.
Iberaldea se mueve en esa dirección mostrando los ideales ibéricos y el modo de vivir de nuestros ancestros, mucho antes de que todo cayese en un estado de franca trasgresión. Mostrará sin miedo a críticas como se han hecho intentos de cambiar esta situación en tiempos no muy lejanos y que, siempre que se han levantado las gentes movidas por el impulso que anima sus corazones se han producido prodigiosas victorias sobre nuestro enemigo. Es hora ya de ponernos en marcha sin más dilación y dejar de esperar a que cambien las cosas por arte de magia. Dios seguramente nos ayudará, pero será en la medida en que nosotros hagamos algo al respecto. Si no somos capaces de sacrificarnos por esta Causa no somos merecedores sino del triste modo de vida que llevamos. La batalla comienza en nosotros mismos, en nuestro entorno más cercano y querido. Para actuar y hacer algo no necesitamos arroparnos con la fuerza de las masas. Las masas siguen a quienes destacan de entre ellos. Hazte luz y se consecuente con lo que defiendes y tus semejantes comenzarán a escucharte, a respetarte y finalmente a seguir tu ejemplo. Esta es la mejor propaganda y lo que más teme nuestro enemigo: la Fe en nosotros mismos. Si hay Orden en ti mismo el Caos no tiene nada que hacer. Hay que centrarse en un solo objetivo, claro, conciso y contundente. Eso nos hará seres con una férrea voluntad. Debemos aparcar nuestros egos, deshacernos de su nefasta influencia y buscar el cooperativismo entre nuestros semejantes, así evitaremos los personalismos que nos dividen y nos impulsan a estar en constante disputa los unos con los otros. El Caos irrumpe poderoso sobre cualquiera de las fisuras que se abren en el Orden natural, hay que combatir, combatir y no cesar de hacerlo.






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